Orar con el obispo del Sagrario abandonado (octubre 2018)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de octubre de 2018.

Reclinado a la mesa en el seno de Jesús (Jn 13,23)

«Hacerse como nada por amor para que le demos nuestra nada con amor. El mejor obsequio que espera de nosotros y que más cuenta nos tiene hacerle, es darle, más que nuestro talento, fuerza, poder y valer, nuestra nada… Sólo cuando estemos perfectamente persuadidos de que es nada cuanto le damos, empezará Él a recibir algo nuestro y nosotros a ser algo también» (OO.CC. II, n. 2689).


Nada, nada, nada somos. Todo es don de Dios: la vida, la fe, la pertenencia a la Iglesia, la vocación, la fidelidad a la opción de vida… Todo es gracia Quienes tenemos fe y vivimos en el seno de la Iglesia somos unos afortunados, porque sabemos quién nos ha creado, de dónde venimos y a dónde vamos. Nada somos porque todo es don. Pero esta nada se la entregamos a Cristo, nuestro Señor, para que Él, por el Espíritu, se lo entregue al Padre.

En esta hora de adoración eucarística, nosotros, como el discípulo amado, recostamos nuestra cabeza sobre el pecho de Jesús, Maestro y Señor: para sentir los latidos de su Corazón; para sintonizar con sus mismos sentimientos; para dejarnos enamorar por su dulce amor; para entregarle toda nuestra nada; para adorarle por su presencia eucarística; para dejarnos transformar por su Evangelio; para permitirle que nos tome en posesión por completo.

Todo esto lo vivimos y se lo entregamos desde la humildad de saber que todo es suyo y a Él se lo devolvemos. Afirma san Manuel: «El gráfico de esto es: un plano inclinado por el amor que empieza en el cielo y termina en las tablas del Sagrario. Sólo el amor humilde que lo ha hecho bajar a Él nos hará subir a nosotros» (OO.CC. II, n. 2689).

Oración inicial
Bendito y alabado seas, Padre, por el gran consuelo que nos transmite tu Hijo Amado cada vez que depositamos en su Sagrado Corazón todas nuestras alegrías y penas, esperanzas y angustias, audacias y miedos, descansando con suma confianza en su pecho ardiente. PNSJ.

Escuchamos la Palabra
Jn 13,23; Jn 19,32-37.

Meditación de la Palabra
En el pecho de Jesús recostó el discípulo amado toda su angustia y miedo, toda su amistad y confianza con su Maestro, en aquella última Cena.

El mismo discípulo amado, el día siguiente, contempló cómo un soldado le traspasó el costado, el mismo seno de Jesús sobre el que expresó su íntima amistad.

Solo María y el discípulo amado, y algunas mujeres, estaban al pie de la cruz, acompañando al que injustamente fue condenado a muerte.

También hoy son muy pocos los que le acompañan en el Sagrario. Así lo expresaba san Manuel, haciendo hablar a Jesús: «Sí, María, desagraviadora de mi Corazón, dilo sin miedo aunque con pena: son muy pocos los que me sirven, como también son pocos en el mundo los puros de corazón, los abnegados del alma, los rectos de intención, los humildes, los misericordiosos, los agradecidos, los leales, los verdaderos sabios, los héroes, los mártires… El día en que éstos llegaran a ser muchos y Yo siguiera con pocos, ese día sí que era el de mi derrota verdadera; pero no temas, ¿cuándo va a llegar ese día?» (OO.CC. I, n. 542).

El costado abierto de Cristo por la lanza del soldado significa que Él nos ha amado hasta el extremo, que Él ha dado la vida por sus amigos, que Él ha venido a cumplir la voluntad del Padre hasta sus últimas consecuencias; que Él se ha hecho reo de pecado a favor nuestro «para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en Él» (2Co 5,21); para que la sangre y el agua que vertió de su costado fueran símbolo de los dos principales sacramentos: la Eucaristía y el Bautismo.

Cómo aman los santos
Ante tanto amor derrochado, se nos invita a corresponderle con la mejor donación de nosotros mismos, con la entrega toda de nuestra existencia a la voluntad del Padre y, desde Él y con el Espíritu, al servicio de nuestros hermanos, los hombres; en especial los pobres.

Así lo expresaba san Manuel: «¿No es así como dice el evangelista que nos amó el Corazón de Jesús? Amar hasta el fin ¡qué bien define esa palabra el amor del Corazón que impulsó a ir al Cenáculo, al calvario, al Sagrario abandonado! Marías, Discípulos, almas reparadoras y de apóstoles ¿os habéis puesto a meditar seriamente esa condición o estado del amor del Corazón de Jesús sacramentado en el Sagrario y en el altar ante los que nadie hinca la rodilla? Y si lo habéis meditado, ¿habéis calculado la obligación que impone a vuestro amor a ese mismo Sagrario y a esas almas obstinadas en no ir?

¿No os parece que ese Corazón desairado no quedará desagraviado por vuestras tentativas o ensayos de darle y buscarle compañía, sino por la permanencia de vuestro amor hasta el fin? ¡Ah! ¡Cómo echa de menos Jesús en torno de sus Sagrarios y de sus vecinos el amor hasta el fin de los suyos!» (OO.CC. II, nn. 3030-3031).

Mirando a Jesús crucificado, con su costado abierto, creyendo en la fuerza de su amor resucitado, nos dejamos mirar por Él y aprendemos, de su Espíritu, a amarle a Él con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas.

Mirándole a Él y dejándonos mirar por Él, con su Corazón rasgado, nos dejamos envolver por el testimonio de los santos, que también, por la gracia, amaron hasta el extremo:

  • «Señor, quiero morir de amores a los pies de tu Cruz. ¿Qué divino milagro hiciste con mi alma? ¿Dónde están mis penas? ¿Dónde mis alegrías? ¿Dónde mis ilusiones? Todo voló […]. Busqué consuelo, y no lo encontré. Busqué caridad y… Señor, ¿qué diré?, sólo en Ti la encontré» (san Rafael Arnáiz).
  • «Dios ama al que da con alegría, y si uno da con alegría, da cada vez más. Un corazón alegre es el resultado de un corazón que arde de amor» (santa Teresa de Calcuta).
  • «¡Cuánto me alegro ahora de haber renunciado a mí misma desde el comienzo de mi vida religiosa! Ahora gozo ya del premio prometido a los que luchan valientemente. Siento que ya no necesito negarme todos los consuelos del corazón, pues mi alma está afianzada en el Único a quien quería amar» (santa Teresa del Niño Jesús).
  • «Cuando Dios ama, lo único que quiere es ser amado: si Él ama, es para que nosotros lo amemos a Él, sabiendo que el amor mismo hace felices a los que se aman entre sí» (san Bernardo).

Preces al Sagrado Corazón de Jesús
Unidos a toda la Iglesia, en especial a los que van creciendo en especial entrega al Sagrado Corazón de Jesús, oremos diciendo:
Ten piedad de nosotros

  • Corazón de Jesús, unido desde siempre al Corazón del Padre, en unidad total
  • Corazón de Jesús, formado en el vientre purísimo de María, por el Espíritu Santo
  • Corazón de Jesús, templo perfectísimo del amor ardiente de Dios
  • Corazón de Jesús, depositario de los tesoros infinitos de la caridad del Padre hacia la Humanidad
  • Corazón de Jesús, herido y humillado por nuestros pecados
  • Corazón de Jesús, fuente de todas las gracias
  • Corazón de Jesús, en quien el Padre encontró sus complacencias
  • Corazón de Jesús, que permitiste al discípulo amado descansar en tu pecho
  • Corazón de Jesús, que hablaste con humildad y verdad ante el Sanedrín y ante Poncio Pilato.
  • Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia
  • Corazón de Jesús, que eres rico en misericordia para todos los que te invocan
  • Corazón de Jesús, que ofreciste la espalda a los que te golpeaban en la flagelación
  • Corazón de Jesús, que en obediencia al Padre te entregaste a favor de toda la Humanidad
  • Corazón de Jesús, fuente de vida y esperanza, de resurrección y alegría
  • Corazón de Jesús, abierto por la lanza del soldado
  • Corazón de Jesús, fuente de misericordia y perdón, paz y reconciliación
  • Corazón de Jesús, víctima propiciatoria por nuestros pecados y a favor de los mismos
  • Corazón de Jesús, salvación para todos los que en ti esperan
  • Corazón de Jesús, descanso de todos los que están cansados y agobiados
  • Corazón de Jesús, lleno de bondad y belleza, de verdad y sencillez
  • Corazón de Jesús, manantial de todos los dones y frutos del Espíritu
  • Corazón de Jesús, que elevado en la cruz atrajiste a los hombres hacia ti
  • Corazón de Jesús, fuente de agua viva donde pueden beber todos los corazones sedientos
  • Corazón de Jesús, fuente de vida eterna donde con fe todos quedan consolados

Oración final
Alabado y bendito seas, Señor Jesús, porque siempre nos esperas desde tu Sagrario abandonado, con paciencia infinita, para que te adoremos en tu presencia eucarística; concédenos, Salvador nuestro sentir tus mismos sentimientos, inclinados ante tu Corazón magnánimo, para que gozando de las bendiciones de esa presencia, nos entreguemos con generosidad a cuantos sufren o están solos. PNSJ

Miguel Ángel Arribas, Pbro.
Publicado en El Granito de Arena, Orar con el Obispo del Sagrario Abandonado.