Cordialmente, una carta para ti (julio-agosto 2018)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2018

Dios, también en verano

Apreciado lector: Quizá recuerdes que en una de mis últimas cartas te decía que, cuando tengo un rato libre, acudo a las Obras Completas de nuestro san Manuel para elegir un tomo, abrirlo al azar y leer el capítulo o apartado correspondiente. Leerlo y meditarlo durante algún tiempo. Te decía también que esto lo hacía por un compromiso… Sí, por un compromiso muy personal que tengo con nuestro santo. Es posible que recuerdes a qué compromiso me refiero.


Pues bien, debo confesarte que en esta ocasión, amigo lector, no elegí ni abrí el tomo al azar, sino que lo hice intencionadamente. Buscaba algún texto sobre el veraneo, porque es algo que está a punto de llegar en el momento en que te escribo estas líneas. San Manuel, siempre atento al mundo que le rodeaba, no podía olvidar la realidad social del veraneo. Y eso que en aquellos tiempos el frecuentar lugares de descanso en verano era costumbre más bien de las minorías. No era como ahora que casi todo el mundo se va de veraneo a la playa, a la montaña o a hacer turismo.

En uno de sus escritos nos explica san Manuel lo que significa ser una María. Dice: «Si, pues, ser María es esencialmente comulgar en desagravio del abandono en que lo tienen los que no comulgan, a nadie ni a ninguna Obra le interesa tanto saber comulgar como a la María y a su Obra» (OO.CC. I, n. 1168). Alta y noble misión la que nuestro santo reservó a las Marías. Nada menos que comulgar diariamente en desagravio del abandono en que tienen al Sagrario quienes no comulgan. Auténtica Eucaristía reparadora.

En otro lugar, en el apartado que lleva por título «Vuestro verano», el fundador transmite a las Marías una queja de parte del Corazón de Jesús Sacramentado. Refiriéndose a dicha queja, escribe: «Yo no me mudo, me ha dicho, como las estaciones del año, soy siempre el mismo y para no pocas almas, sin embargo, parece que en los veranos dejo de ser su Dios y Señor… Marías que habéis veraneado, ¿ha sido durante el verano, que acaba de pasar, Dios y Señor vuestro el mismo de todo el año?» (OO.CC. I, n. 755).

Misericordia inamovible
Ante una pregunta tan directa comprobamos, estimado lector, que san Manuel transmite la queja a las Marías. Es a ellas a quienes únicamente se la transmite. Sin embargo, ¿verdad que podría transmitirla también a cada uno de nosotros? ¿Verdad que esa queja del Corazón de Jesús Sacramentado es válida para todos los que nos consideramos cristianos, esto es, seguidores de Cristo? Por tal razón, debemos tener presente que Dios es siempre el mismo durante todo el año, ya sea primavera, verano, otoño o invierno. Él no se muda, como lo hacen las estaciones del año. Dios es siempre el mismo. Cambiaremos nosotros, cambiará la vida, cambiará todo lo que nos rodea… Pero Él no cambia nunca, al igual que tampoco cambiará el amor y la misericordia que siente hacia nosotros. Dios siempre nos amará con un amor infinito y siempre será misericordioso con nosotros. Todo consiste en procurar seguir el camino del bien. Como decía Séneca, «Dios tiene para los buenos un corazón de Padre».

En el apartado siguiente, el titulado «Marías: Aprovechad vuestro verano», san Manuel da algunos consejos para aprovechar el tiempo durante el verano. Dice que el veraneo se puede aprovechar de muchos modos. «Uno de ellos –escribe– es dando a conocer nuestra Obra en donde no se conoce o se conoce poco o mal. En muchos sitios se debe la fundación de un Centro de Marías a unas que estuvieron allí de veraneo: su ejemplo de Marías y su propaganda fueron la semilla de la Obra en ellos» (OO.CC. I, n. 756).

Hoy, lo mismo que en tiempos de nuestro santo, se puede y se debe sembrar la semilla de la Obra. Cuando vemos que son muchos los que vienen sembrando el mal, es preciso que alguien se esfuerce en la siembra del bien. Es seguro que algunas semillas caerán en buena tierra y germinarán. Aunque solamente sea por esto, merece la pena el esfuerzo de sembrar.

Por último, no debemos olvidar que ese Dios que durante todo el año siente por nosotros un amor infinito es el mismo que nos ama también en verano. Dios no olvida en verano el inmenso amor que siente por nosotros… Pero, ¿hacemos nosotros lo mismo con Él?, ¿correspondemos en verano a su amor o, más bien, nos relajamos y nos olvidamos de Él? Sería maravilloso, amigo lector, que a la vuelta de este verano tuviésemos la valentía de responder a la pregunta que san Manuel dirige a las Marías: «¿Ha sido durante el verano, que acaba de pasar, Dios y Señor vuestro el mismo de todo el año?».
Con el deseo de un feliz veraneo, te saluda cordialmente,

Manuel Ángel Puga
Publicado en Cordialmente, una carta para ti, El Granito de Arena.

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