El Evangelio a la lámpara del Sagrario (domingo 1/7/2018)

El Callado del Sagrario sigue hablando

«Orar es hablar de amistad con quien sabemos nos ama», afirmaba santa Teresa de Jesús. Parece una fórmula sencilla –hablar, ¡y con un amigo!– pero no siempre se piensa en la oración con tal simplicidad. San Manuel lo comprendió así e invitó a hacerlo asiduamente, sobre todo a la luz de la lámpara del Sagrario. Hablando con este amigo, escuchando en su Palabra viva en la Biblia, podemos estar a solas con quien nos ama hasta el extremo.


Domingo 1 de julio
XIII del Tiempo Ordinario
Mc 5, 21-43: Contigo hablo, niña, levántate

Las tres resurrecciones

Sin duda, fueron muchas las resurrecciones de muertos obradas por Jesús; pero el Evangelio no cuenta más que tres, y éstas -hay que confesarlo para honor de la familia- fueron pedidas y obtenidas por el amor y las lágrimas de un padre, de una madre y de dos hermanas.

El príncipe Jairo

Acaba de morir una jovencita de doce años, y su padre, Jairo, busca, adora, clama sin cesar, hasta traer a Jesús al lecho mortuorio de su hija. Jesús, obediente a las lágrimas del amor paterno, ha tomado de la mano a la muerta, le ha mandado vivir y, viva y sonriente, se la devuelve a su padre…

La viuda de Naím

Llevan a enterrar a un joven, hijo único de una pobre viuda. Jesús, al entrar en Naím, se encuentra con el cortejo y con la madre, que va llorando en pos de su hijo muerto. Lágrimas de las madres, ¡qué milagros de omnipotencia arrancáis al Corazón de Jesús! La madre no habla; llora y mira a Jesús y a su hijo… Y movido de misericordia sobre ella, Jesús pronuncia la palabra de la resurrección, y el hijo, vivo y sano, vuelve a los brazos de su madre…

Marta y María

Ha muerto Lázaro, el amigo de Jesús. Lleva cuatro días su cadáver en el sepulcro y el hedor anuncia su descomposición… Sus hermanas, Marta y María, que llamaron a Jesús cuando enfermó el hermano, lloran al verlo llegar, y hasta le reconvienen cariñosamente su tardanza en venir. Jesús las ve llorar y llora; oye sus protestas de fe y de esperanza en Él, y obedeciendo al amor fraternal, manda a Lázaro volver a la vida y salir fuera del sepulcro de la muerte…” (OO.CC. I, nn. 929-930).

Recopilación: Sergio Pérez Baena, Pbro.
Publicado en El Evangelio a la lámpara del Sagrario, El Granito de Arena.

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