Historias de familia (mayo 2018)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de mayo de 2018.

Un Jesús adolescente, modelo del seminario

«A mi seminario le ha venido, como llovida del cielo y hecha por manos de ángeles, una Imagen de un Jesús adolescente, como de 14 a 15 años, con traje y postura de pastor. Sobre el hombro izquierdo lleva una ovejita que bien a las claras dice lo a gusto que va y el placer que le produce la proximidad de Corazón que el Pastorcito le descubre con su mano izquierda; y recostada sobre la pierna derecha y con la cabeza levantada en actitud de exclamar: ¡quién fuera ahí arriba! lleva otra oveja» (El Granito de Arena, 20/12/1925, n. 938, p. 738).

La imagen del Pastorcito debió ser un regalo adelantado de los Reyes Magos para el obispo de Málaga en aquella Navidad de 1925. ¡Con qué ilusión describía los rasgos de la talla que iba a presidir el altar de la iglesia del seminario! Ya se preveía su inauguración con la bendición solemne que se celebraría en la tarde del 20 de abril de 1926, víspera entonces de la fiesta del Patrocinio de San José, o sea, en la víspera del tercer miércoles de Pascua, quizás una demostración más de la devoción y admiración de D. Manuel González por santa Teresa de Jesús, promotora en su día de esta celebración en torno al padre en la tierra de Nuestro Señor y protector del seminario.

El centro del seminario
Si el seminario fue la niña de los ojos del obispo de Málaga, él quiso que la iglesia fuese su centro y en ella su Sagrario, pero muy cerca estaría esa imagen que debía llevar a la piedad a aquellos que a sus pies se preparaban para ser sacerdotes. Allí estaría un buen pastor, insertado en una cruz en la que mil veces leerían la jaculatoria: «pastor bueno haznos buenos pastores, prontos para dar la vida por la ovejas».

¿Quién fue el autor de aquella obra que parecía esculpida por manos de ángeles? La talla había salido de un taller madrileño, situado en el número 14 de la calle General Álvarez de Castro. Así lo pudo leer D. Manuel y lo dejó escrito en El Granito. La obra aparece firmada por R. Font. Ricardo Font Estors, era entonces un joven escultor, que trabajaba en el taller de su padre Francisco Font Pons, de donde habían salido importantes obras para monumentos civiles y también para iglesias de toda España. En 1915 talló la preciosa imagen del Niño Jesús de Uvas y Espigas que todavía se venera en el colegio de la Grande Obra de Atocha en la ciudad de La Coruña, y que recuerda mucho a la imagen del pastorcito del seminario malagueño, tanto que, ¡es como si el niño hubiera crecido hasta convertirse en adolescente!

No es raro que Ricardo Font siguiera la estela de su padre, pero sabemos que la imagen se había realizado al gusto de D. Manuel, pues así consta en el libro de caja que recoge las donaciones hechas al Seminario: «Sres. de la Riva, Málaga. Ofrecen costear la Imagen del Pastorcico Eucarístico del Seminario a todo mi gusto». ¿Conocía el Obispo la obra de los Font? Seguramente conocería alguna de las imágenes del Sagrado Corazón que salieron del taller de Font, pero estas responden a un patrón muy distinto. ¿Inspiraría la imagen del Niño Jesús de Uvas y Espigas la del seminario eucarístico? Mucho me gustaría contactar con los descendientes de estos excelentes escultores, pues quizás conserven algún documento que dé testimonio del encargo que se realizó en el taller de los Font y que completara las escasas referencias que se encuentran entre los documentos de san Manuel González en relación con ellos. Solamente he podido encontrar una carta en la que D. Ricardo le felicita con motivo de su nombramiento como obispo de Palencia y una referencia a Font en una posdata que nos da la pista sobre lo que fue de aquella imagen, y sobre la que hoy podemos contemplar en el Nazaret de Málaga.

La nueva imagen
Seguramente fue una de las últimas cartas que escribió D. Manuel, tiene fecha de 13 de diciembre de 1939 y va dirigida a D. Balbino Santos, su sucesor en la diócesis malagueña. Se trata de una carta muy extensa y mecanografiada, pero que concluye con unas palabras de su puño y letra: «En Madrid vi al escultor Sr. Font y me dijo que ya tenía desbastada la imagen del Pastorcito para el Seminario de Málaga, pero que no podría entregarla hasta la primavera próxima». Esta nota nos confirma, implícitamente, la desaparición de la primitiva imagen, que acabaría rota y sus restos diseminados por los alrededores del seminario tras los disturbios que se produjeron en Málaga entre el verano de 1936 y febrero de 1937, durante los cuales fue profanada la tumba en la que reposaban los restos de don Martín González Lara y doña Antonia García Pérez, los padres del obispo. De modo que la que actualmente podemos contemplar es fruto de este segundo encargo, y que D. Manuel no llegaría nunca a verla. Esto explica la dedicatoria que figura en esta imagen: «Donado por el Excmo. Sr. D. Manuel González García, Obispo de Palencia antes de Málaga a su seminario del Corazón Eucarístico de Jesús, 1939-1940».

Una imagen que cautiva
La imagen de este Buen Pastor es realmente enternecedora, como lo es la descripción que va haciendo D. Manuel para El Granito: «Mi Pastorcico, que mide la estatura de los muchachos bien desarrollados de su edad, un metro y medio, tiene unos ojos que sin dejar de mirar hacia arriba, hacia el cielo, parece que miran hasta penetrar en lo más hondo de los corazones que están a su alrededor; tienen esos ojos una mirada tan penetrante como atrayente. No sé lo que ocurre a cuantos lo miran: comienzan en la curiosidad de verlo y acaban en la emoción de sentirse aprisionados ¡No aciertan a dejarlo! Es delgado sin estar macilento; la tez tostada como acostumbrado a soles y nieves; está alegre e infunde alegría, y su boca y su cara están tocadas por una dulce tristeza; no está sentado sobre trono ni pisa nubes de gloria, está en ademán de andar, mejor dicho, de bajar de un risco, que esa es su peana; su actitud no es de decir: “venid a mí, que os espero”, sino más bien: “esperad, que ya voy”. Todo un programa para aquellos que viéndole se prepararían para ser sacerdotes» (El Granito de Arena, 20/12/1925, n. 938, pp. 738-740).

A finales de los años veinte se pusieron de moda las tarjetas postales. Las muchachas solían coleccionarlas. Las había de lugares, de personajes y también religiosas. Se editó una tarjeta postal con la imagen del Pastorcito y D. Manuel la usó en varias ocasiones para enviar felicitaciones a sus amigos con motivo de onomásticas, o de la celebración de las navidades, las primeras en las de 1926. En las dedicatorias buscaba incidir en aspectos de la preciosa imagen: las cosas buenas que lleva en ese zurrón que le colocó su madre antes de salir eran las que les deseaba para el nuevo año, o la esperanza de que aquella persona a la que escribía se sintiera como la ovejita que el Pastorcito llevaba sobre su cuello.

Don Ricardo Font siguió tallando imágenes en su taller, que trasladó a la calle Viriato, también en el barrio de Chamberí. Muchas de sus esculturas no sobrevivieron a los desastres de la Guerra Civil. Dios le dio una larga vida para trabajar aquel arte y he podido leer, tal como cuenta su nieta, en sus último días, allá por el año 1982, solía decir a un amigo sacerdote: «Cuando muera, podré comprobar si la Virgen se parece a las que he tallado durante mi vida». Seguramente Dios habrá premiado ya a R. Font, que así firmó aquella talla que esculpió durante el año 1925, y de quién escribió San Manuel: «ese es el nombre del feliz artista que tan maravillosamente ha dado forma plástica al conjunto de cualidades, circunstancias y elementos que yo deseaba se representaran en la que había de ser Imagen principal de la Iglesia de mi Seminario» (El Granito de Arena, 20/12/1925, n. 938, p. 741).

Aurora Mª López Medina
Publicado en El Granito de Arena, Historias de familia, San Manuel González, San Manuel González García.

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