El Evangelio a la lámpara del Sagrario (domingo 25/3/2018)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de marzo de 2018.

Cuaresma eucarística reparadora

San Manuel no concebía otro modo de leer el Evangelio sino «a la luz de la lámpara del Sagrario». Su gran deseo: animar a todos, jóvenes o mayores, adultos o niños, a acercarse al Sagrario y al Evangelio de forma simultánea, para reconocer que cuanto se narra en sus páginas es eco de todo lo que continúa realizando Jesús en su vida eucarística.


Domingo 25 de marzo. VI de Cuaresma
Mc 15,1-39
Domingo 1 de abril. Pascua de Resurrección
Jn 20,1-9

«Como no voy haciendo más que darte puntos de meditación, sobre mis modos de triunfar no te recordaré más que dos palabras: Domingo de Ramos y Domingo de Resurrección. Dos días de triunfo visible que encierran los seis días de la gran derrota aparente de mi Pasión. Triunfos tan visibles y patentes que los mismos jefes de mis enemigos se hacen sus heraldos y pregoneros. Maestro –me decían el Domingo de Ramos–, ¿no oyes cómo te aclaman? Manda –decían a Pilatos, todavía colgado de la Cruz mi cuerpo muerto– guardar su sepulcro, que anunció que iba a resucitar… ¡Los únicos que contaban con mi resurrección fueron, según mi Evangelio, mis enemigos! ¡Los amigos, a excepción de mi Madre, no se habían enterado aún! La primera palabra que pronuncian aquéllos después de mi muerte, que era su gran triunfo, es ésta: ¡Resurrección! Y sigue anotando circunstancias y modos de estos dos triunfos míos.
El triunfo del Domingo de Ramos. Pasé de fugitivo y escondido en Efrén y Betania a triunfador en Jerusalén, de condenado a muerte por los príncipes del pueblo y vencido por mi apóstol, a aclamado Rey por el pueblo, y como trono de mi reino y carroza de mi triunfo escojo un borriquillo…
El triunfo del Domingo de Pascua. ¡Ah!, ése fue no sólo el día de mi gran triunfo, sino de las venganzas de mi amor triunfante. Me vengué de mis enemigos, haciéndolos testigos forzosos de mi triunfo; me vengué de la muerte, resucitando Yo y constituyéndome causa y modelo de la Resurrección de todos los que mueran conmigo; me vengué del demonio, trocando la muerte en vida, y su imperio en esclavitud; me vengué de mis amigos, torpes en entenderme y tardos en creerme, invitándolos a que metieran sus dedos en mis llagas luminosas… Me vengué… y me sigo vengando de enemigos y amigos, en cada uno de mis Sagrarios haciendo lo mismo que aquel día» (OO.CC. I, nn. 603-604).

Recopilación: Sergio Pérez Baena, Pbro.
Publicado en El Evangelio a la lámpara del Sagrario, El Granito de Arena.

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