Resonancias en nuestra Iglesia de hoy (julio-agosto 2017)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2017.

Buen cine para saciar la sed de misericordia

«Esto lo digo no para asustarlos, sino sencillamente para decir que nuestra vida es un hoy: hoy o jamás. Yo pienso en esto. El mañana será el mañana eterno, sin ocaso, con el Señor, para siempre. Si yo soy fiel a este hoy. Y la pregunta que les hago es la que hace el Espíritu Santo: ¿Cómo vivo yo, este hoy?» (papa Francisco, Homilía en Sta. Marta, 12/1/17). «El Señor me ha dicho: «Dame tu momento presente: Yo no quiero más de ti que tu momento presente; con él te tengo entre mis manos y tú no debes querer nada ni pensar en nada, ni preocuparte de nada: Yo lo haré todo» (OO.CC. II, nº 2800).
Queridísimo D. Manuel: tu camino de santidad está marcado por la vivencia en el amor del ahora de la voluntad de Dios. Con la gracia que te caracterizó los llamabas «san Hoy» y «san Ahora». También el papa Francisco nos hace una llamada en este sentido. Es el Espíritu Santo quien sigue poniendo de relieve en su Iglesia las palabras de Jesús. «A cada momento le basta su afán». Hemos entrevistado a Juan Manuel Cotelo, de la productora INFINITO+1, director de La última cima, que te conoció en Fátima y le interesó mucho tu amistad. La ha seguido cultivando a través de tus escritos. Creemos que su testimonio puede ayudar e iluminar a los lectores de El Granito de Arena. También él ha sabido unificar su vida en la vivencia en el amor del momento presente.

¿Hace mucho que conoces a san Manuel? ¿Cómo fue tu primer encuentro con él?
Fue en Fátima, hace 7 años. En un pequeño oratorio de la residencia en la que me alojé una noche. Me fijé en la escultura de un obispo que sostenía algo en sus manos y pregunté: «¿quién es ese y qué tiene en las manos?». Así me presentaron a Manuel González y me hablaron de su devoción a la Eucaristía. En sus manos había, precisamente, un Sagrario. Me regalaron una reliquia suya y me animaron a pedirle por una intención concreta que tenía yo por entonces, relacionada con un Sagrario, precisamente. Al cabo de 10 días exactos, aquello por lo que yo pedía se resolvió de repente, después de dos años de atasco. Desde entonces, somos buenos amigos.

¿Has leído algún libro suyo? ¿Hay alguno que te haya tocado de forma especial?
He leído Artes para ser apóstol, Lo que puede hacer un cura, hoy y poco a poco voy alimentándome con sus Obras Completas, que son para mí un alimento espiritual muy nutritivo. Me encanta el sentido del humor que emplea, la cercanía de los ejemplos que pone para explicar las cosas, la elegancia de su escritura y, sobre todo, la ternura con la que habla de Jesús. Se nota que Jesús no es alguien de quien sabía mucho, sino alguien a quien amaba mucho. Su amor a Jesús despierta, en mí, deseos de amarle más, de estar más tiempo con Él, acompañándole en la Eucaristía. Leyendo a Manuel González pones las cosas en su sitio: primero, el amor a Dios. Ese amor impulsa el amor a las personas y cualquier actividad apostólica. Sin ese amor prioritario, todo lo demás es ruido y agitación, estériles.

¿Crees que son actuales el carisma que recibió y el mensaje que transmitió san Manuel?
Sin lugar a dudas. De hecho, fue lo primero que pensé y dije al terminar el primer libro: «si me dicen que este libro se ha escrito hoy, me lo creo». Su mensaje es completamente actual. Cualquier bautizado va a recibir luces sobre la misión que hoy tiene que desempeñar. Tal vez si simplemente volviéramos a poner a Cristo en el centro de la misión evangelizadora, todo cambiaría, para bien. No me refiero a ponerle en los carteles, en los eslóganes o en las canciones, sino a volver a poner la Eucaristía en el centro de la actividad evangelizadora. Confiar en el poder de la presencia de Jesús en la Eucaristía es la única actitud humilde y sensata, que puede tener un apóstol. Si pensamos que la eficacia depende de nuestros esfuerzos por caer bien al mundo, estamos muy equivocados. Si confiamos toda la eficacia a la presencia de Jesús en los Sacramentos, Él suple cualquiera de nuestras carencias. Ese mensaje es central en la predicación de Manuel González.

Estáis grabando El mayor regalo, un largometraje sobre el perdón. ¿Cómo se os ocurre hacer una película sobre este tema? Con el mismo material se hubiera podido hacer una sobre santidad en el siglo XXI…
Se pueden hacer mil películas distintas para mostrar la verdad y eficacia transformadora del Evangelio y cualquiera de ellas sería importante, urgente, necesaria. Pero nosotros somos una productora pequeñita, con capacidad para afrontar un solo proyecto. La decisión de comenzar una película sobre el perdón no se nos ocurrió a nosotros sino que Dios puso en nuestro camino a personas que quisieron compartir con nosotros sus preciosas historias de reconciliación. Nos conmovió tan profundamente, que no hizo falta dedicar un solo minuto a pensarlo. Teníamos que hacerlo, costase lo que costase.

¿Quién puede desear una película así? ¿Quién está colaborando para que El mayor regalo se esté rodando? No se nos escapa que habéis conseguido más de 100.000€ en el crowfunding creado a tal efecto.
Cuando nació INFINITO + 1, nuestra productora, parecía que solo estábamos implicados dos personas en este proyecto insensato. Pero Dios tenía su plan, que poco a poco nos va mostrando. Surgieron otras personas… y otras… y más… y más… y hoy hay personas en 28 países, que contribuyen a desarrollar esta misión de evangelización a través del cine. No son espectadores, ni seguidores, ni fans. Son protagonistas de esta misión, tanto como lo soy yo. Es una oleada de amor, realmente impresionante y sorprendente, que nos permite descubrir la belleza de la comunión de los santos.

Puedo decir que realmente nos queremos, aunque en muchos casos ni siquiera nos conocemos. Sin la ayuda de cada una de estas personas, que aportan su pequeño granito de arena a esta misión, no podríamos filmar ni una sola imagen. Dios suscita constantemente el deseo de evangelizar, entre muchas personas, por todo el mundo. Hay personas que donan dinero, otras trabajo, otras oraciones y otras… ¡todo a la vez! Es un ejército de insensatos, como me permito llamarle. La única motivación es el servicio a las almas, la evangelización. Con este proyecto sobre el perdón, estamos descubriendo la sed de misericordia que hay en todo el mundo. El perdón es la única medicina que puede cerrar completamente las heridas del rencor.

Tu vida puede parecer un poco atípica ya que tu trabajo está muy imbuido de tu relación con Dios. ¿Cómo concilias tu vida personal, familiar, laboral y cristiana?
Solo tengo una vida, no varias vidas paralelas. Solo tengo un amor, no varios amores. Todo está unido, nada compite entre sí. El pegamento que une cada una de las actividades es el amor. Amo a Dios y en Dios amo a mi esposa, a cada una de mis hijas, a cada uno de mis amigos. Amo mi trabajo y mi descanso. Amo mi hogar y mis viajes. Amo la naturaleza y las últimas herramientas tecnológicas. No soy capaz de distinguir entre mi amor a Dios y mi amor a nada ni a nadie. Todo es el mismo amor, en un único horario, en una única ubicación: aquí y ahora. Cualquier clasificación o jerarquía de amores, me resulta artificial. Cuando amo poco, surgen los conflictos de actividades. Pero si actúo impulsado por el amor, nunca hay conflicto, aunque sí haya cambio de planes.

Mónica Mª Yuan y Mª del Carmen Ruiz, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, Resonancias en nuestra Iglesia de hoy.

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