Verano eucarístico reparador (II)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2017.

Por la ruta de san Manuel González

Hace apenas un año (lo cumplimos el día 20 de este mes de junio) el papa Francisco anunciaba la fecha que marcará un hito en la historia la FER, y por ello, de la Iglesia: la canonización de Manuel González. El día elegido por el papa: 16 de octubre de 2016. No había mucho tiempo, pero sí muchas ganas de vivir este acontecimiento como paso del Espíritu. Y a ello dedicamos nuestro entusiasmo y esfuerzos.

En Málaga, en coordinación con el Equipo de Medios de comunicación, y algunos sacerdotes y amigos, nos dispusimos a trabajar en tres direcciones:

  • Conocer y dar a conocer la figura del Apóstol de la Eucaristía, que se llevó a cabo en el ciclo de conferencias en septiembre de 2016 y en muchos artículos publicados en el semanario Diócesis Málaga.
  • Orar por los frutos de la canonización, lo que se hizo en parroquias y grupos; y especialmente en la vigilia de oración del jueves 13 de octubre del pasado año, en la que participaron los movimientos y cofradías de la Diócesis.
  • Hacernos presentes en los lugares significativos: Roma, Palomares del Río, Huelva, Palencia.

Cumpliendo etapas

En Roma vibramos con la Iglesia y con la FER. A Málaga nos habían encomendado el acto de acogida, que prepararon con mimo los jóvenes de la JER, apoyados por los seminaristas de la Diócesis. A todos nos queda la alegría de tener un fundador santo, que desde el tapiz nos sonreía y nos animaba a seguir sus pasos.

Ahora, un año después, aún seguimos trabajando en la tercera de estas dimensiones para hacernos presentes, concretamente en Palencia, ciudad donde descansan sus huesos.

Algunos de los que integraban el autobús que nos llevó de Málaga a Palomares, vivían por primera vez la experiencia del encuentro con el Jesús vivo de la Eucaristía, que para todos es siempre una oportunidad de adentrarnos en la mirada del Jesús bueno, que como san Manuel descubrió, «es una mirada que se clava en el fondo del alma y no se olvida nunca».

Por eso decidimos concluir este curso 2016-17 en Palencia, en el Sagrario de la Catedral bajo el cual se encuentran los restos del Apóstol de la Eucaristía, y nos sigue diciendo a todos los que nos acercamos: «¡ahí está Jesús, ahí está, no lo dejéis abandonado!».

Palencia, lugar de santidad
El viaje a Palencia, realizado del 9 al 11 de junio, ha sido una experiencia de gracia. Por la alegría compartida y los lugares visitados. Desde Aranjuez donde hicimos la primera parada a la ida, hasta el arte del renacimiento contemplado en los pueblos de Becerril y Paredes de Nava, o el acueducto de Segovia al regreso.

Y sobre todo, la Misa en la Catedral de Palencia, donde respirábamos el «buen olor de Cristo» que la imagen, el sepulcro y el mensaje de san Manuel nos iba diciendo al oído: El Dios de la Vida, está y me espera, cuenta conmigo para ser también lámpara que anuncie el evangelio vivo andando por calles y plazas, repitiendo las escenas de la vida de Jesús, como nos ha enseñado san Manuel en su libro Así ama Él. Antes y después de la Eucaristía, cada uno aprovechaba para pegarse al sepulcro y dejar allí sus preocupaciones o necesidades con la seguridad de que san Manuel será buen intercesor ante el Señor.

Y después, la visita al museo, donde la Hna. Ana Mª Palacios nos deleitó con los detalles de la vida e historia de cuanto contemplamos y de cuanto ella conoce y guarda del testimonio de nuestro querido fundador. Dejamos para el comienzo del nuevo curso la visita a Huelva, que integraremos en el nuevo proyecto para poder gustar la riqueza y experiencia de quien supo integrar «los ojos de la cara fijos en el prójimo y en sus necesidades; y los ojos del alma fijos en el corazón de Jesús que está en el Sagrario».

Mª Antonia Moreno, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, Palabras de santo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *