Lectura sugerida (junio 2017)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de junio de 2017.

Reparación: la respuesta agradecida a Dios

«Ante un mundo como el nuestro, tan herido, tan resquebrajado, tan excluyente y dividido, tan expoliado y oscurecido, tan falto de testigos de esperanza, estas figuras femeninas de reparación se alzan como memoria siempre viva del único sacrificio capaz de alcanzarnos la vida verdadera: aquel que reúne a los dispersos, que incluye en un único abrazo, que genera comunión desde la propia entrega y hace nuevas todas las cosas. Hacia ellas tiende la humanidad ganada por su sacrificio. Ellas son las verdaderas amantes» (p. 358).

Los excesos del amor

Subtítulo: Figuras femeninas de Reparación en la Edad Media
Autora: Nurya Martínez-Gayol
Año: 2012 – Páginas: 360
Formato: 14 x 21 cm
Precio: 22 €

Con estas palabras concluye el libro que lleva por título Los excesos del amor; una obra que nos presenta la realidad de la reparación desde la vida y el testimonio de cinco figuras femeninas que han hecho de su existencia reparación en acto. Hildegarda de Bingen (1098-1179), Lutgarda de Aywiéres (1182-1246), Gertrudis de Helfta (1256-1301), Ángela de Foliño (1248-1309) y Catalina de Siena (1347-1380). Sin duda alguna el amor es el punto de partida y la razón última en la vida de estas cinco mujeres del Medievo que supieron vivir un desbordamiento de amor.

¿Qué pueden aportarnos hoy estas cinco figuras tan lejanas en el tiempo para nosotros? Más allá de la época en que vivieron, de los ropajes expresivos, de sus limitadas fórmulas o de sus posibles deficiencias, hay en ellas un fondo de sabiduría, de experiencia de Dios y de humanidad que son fuente viva aún hoy. Se dejaron conducir por el Espíritu, fuente y dador de vida. La desmesura del amor que vivieron sigue siendo también hoy la fuerza renovadora y restauradora de la Iglesia y de la sociedad.

Definir el amor
Hay quien dice que en nuestra cultura el amor no tiene una definición completa, sino que posee muchos significados diferentes. En realidad el amor tiene tantas formas de expresión como personas hay en el mundo. No lo encontramos en abstracto. Existe la persona concreta que ama. Pero ¿puede el amor ser en exceso? ¿Qué tipo de amor es este? ¿A quién se puede amar así? ¿La persona que ama en exceso es diferente de las demás? Las respuestas a estas preguntas las podemos encontrar en el libro Los excesos del amor. Un título muy elocuente y atractivo, especialmente en una sociedad que concibe y describe el amor con matices específicos. Ahora bien, respetando las formas variadas que se quiera dar al amor, hay una definición que no podemos obviar y que, de hecho, nos configura como personas creyentes: «Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1Jn 4,16). Un amor que se ha hecho visible en el Hijo Cristo Jesús: un amor humanado.

A lo largo de los siglos ha habido personas concretas, con nombres y apellidos, que apasionadamente han sentido un deseo ardiente de dar respuesta, de identificarse con Aquel a quien aman, estando con él, como él y para él. Entre ellas encontramos cinco mujeres que se han sentido atraídas por aquella parte de la humanidad más dañada, rota, abandonada y alejada del proyecto de plenitud de Dios para el mundo. Un deseo de darlo todo, que nace de la experiencia de un agradecimiento sobreabundante de la que no se sienten dueñas, y que las constituye en figuras de reparación. Todo lo que viven se convierte necesariamente para ellas en espacio de reparación.

  • Hildegarda de Bingen: Reubica el discurso de la reparación en el marco de los trascendentales del ser: belleza, bondad, verdad, desde la perspectiva de la reconstrucción y la positividad aportada por la acción salvífica de Dios al ser humano y al mundo.
  • Lutgarda de Aywiéres: Su devoción reparadora es, sobre todo, apostólica. Visibiliza así en su versión más radical qué significa la redamatio: responder al amor de Dios recibido, amando a los hermanos hasta dar la vida por ellos.
  • Gertrudis de Helfta: La novedad a la actualización de la idea de reparación en ella es la que se refiere al proceso de la recuperación de la imagen divina que le ha sido otorgada al ser humano por creación y que ha sido deformada por el pecado.
  • Ángela de Foliño: Muestra la fuerza del agradecimiento en la raíz de la acción reparadora, entendida como colaboración en la obra redentora de Cristo. Solo la experiencia del «por mí» gratuito nos capacita para un «por los otros» reparador, vivido en plena identificación con él.
  • Catalina de Siena: En ella el amor está en el origen de todo. Se siente llamada a la reparación del Cuerpo de Cristo en su misión intercesora, vicaria y restauradora de la Iglesia. En Catalina la llamada a reparar es la normal circunstancia de abrir un espacio existencial en nuestras vidas a esa realidad que denominamos comunión de los santos.

Un tema para investigar
La autora del libro, una gran experta en el tema de la reparación, Nurya Martínez-Gayol (Oviedo) es religiosa, Esclava del Sagrado Corazón de Jesús. Licenciada en Químicas por la Universidad de Oviedo, estudió Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, se licenció en Teología dogmática en la Universidad de Deusto y obtuvo su doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Desde el 2002 es profesora en la facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Comillas, ejerciendo su labor docente en el departamento de Teología dogmática. Tres áreas centran su trabajo de investigación: la espiritualidad ignaciana, la teología de la ternura y la actualización del concepto reparación, donde se situaría la obra que presentamos. La autora también ha colaborado en la obra Retorno de amor (en la actualidad agotado), sobre la teología, historia y espiritualidad de la reparación.

Los excesos del amor está estructurado en seis capítulos. El primero nos presenta un amplio marco con las claves desde las cuales contemplar los textos y las historias de vida de nuestras protagonistas en la perspectiva de la reparación. Los cinco capítulos siguientes muestran a cada una de estas mujeres y lo que aportan tanto a la espiritualidad reparadora de su tiempo como a la actual vivencia de la reparación.

La noción cristiana de reparación se ha convertido en un término un tanto complejo, posiblemente debido a un recorrido histórico lleno de cambios en el que se han dado cita acontecimientos religiosos y culturales, políticos y dogmáticos, psicológicos y espirituales.

Sin embargo, en Los excesos del amor encontramos cómo la verdadera reparación es preciso descubrirla en acto. Sus páginas nos adentran en la historia religiosa de este concepto de un modo más existencial, y algunos rasgos en torno a la reparación sobresalen con peculiar fuerza y frecuencia: el sufrimiento, la compasión y la justicia.

Signo viviente
Nuestras protagonistas exponen y entregan sus vidas sin ninguna condición, y se convierten así en presencia de otra Presencia que une, reconcilia y reintegra, en anuncio y denuncia; en voz profética y signo viviente que apunta hacia una nueva humanidad y una nueva creación. Ellas son plenamente conscientes de que nada de lo que sucede tiene en ellas su origen, que ellas son «tan solo una humanidad prestada a Dios (Ángela), un instrumento (Hildegarda), un canal (Lutgarda y Gertrudis), o un puente (Catalina de Siena) de ese amor» (p. 345).

Los excesos del amor es un libro especialmente interesante y recomendable para los miembros de la Familia Eucarística Reparadora. La lectura y reflexión del mismo será de gran ayuda para profundizar y adentrarnos con pasión en la espiritualidad eucarístico reparadora que su fundador san Manuel González recibió como carisma. El libro nos recuerda que Cristo es el reparador porque toda su existencia no fue sino un recibirse absolutamente del Padre y un retorno todo al Padre en la entrega de su vida por todos los hombres. En Jesús, en sus obras y palabras, pero sobre todo en su muerte y resurrección, se manifiesta plena y definitivamente la revelación del amor de Dios por los hombres, pero también la perfecta respuesta del hombre al amor de Dios en el amor a Dios y a los hermanos.

¿Cuál ha de ser nuestra respuesta? Se trata de devolver amor por amor (cf. 1Jn 4,7-12). Nunca simétricamente, nunca en la pretensión de pagar o equilibrar la balanza. Su amor siempre desborda nuestras posibilidades, siempre excede nuestras capacidades y expectativas, pero ese mismo exceso, hace brotar un plus de amor en el corazón de la criatura que busca tornar amor. El agradecimiento, que es siempre el motor de la reparación, hace surgir el deseo, la pasión, la necesidad de hacer algo para responder a ese amor, para dar salida a ese amor que nos inunda.

Así expresaba san Manuel González ese tornar amor: «¿Verdad que, si amor con amor se paga, el amor mayor de Cristo debe pagarse con el amor mayor del cristiano? Es decir, con amor hasta el sacrificio y por toda la vida. Si el amor que me tiene mi Jesús es amor de Hostia, yo debo ser para Jesús hostia de amor. Si Jesús es mi hostia de todos los días y de todas la horas, ¿no debo yo aspirar y prepararme a ser su hostia de todas las horas y de todos los días?» (OO.CC. I, n. 477).

En esta correspondencia de amor, por tanto, toda la Familia Eucarística Reparadora está invitada a entrar. Sus miembros están llamados a acoger y hacer suyo el desbordamiento de amor, significado y actualizado en cada Eucaristía. De hecho en el misterio eucarístico se realiza el movimiento reparador por excelencia: de oferta y retorno de amor, de acción de gracias y ofrenda existencial. En cada celebración eucarística se da la entrega de amor que el Padre hace del Hijo por nosotros, una entrega que continúa a través de los tiempos por la fuerza del Espíritu.

Mª Teresa Castelló Torres, m.e.n.
Publicado en El Granito de Arena, Lectura sugerida.

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