Orar con el obispo del Sagrario abandonado (mayo 2017)

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de mayo de 2017.

«Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito
que esté siempre con vosotros» (Jn 14,16)

«Llega Pentecostés. Con ruido de viento impetuoso y en forma de lenguas de fuego desciende el Espíritu sobre cada uno y los llena de sus dones y, entonces, como el embate de aquel viento impetuoso y de llamas de fuego, desaparecen de los ojos y de los corazones de los apóstoles los tupidos velos que les impedían ver y sentir y darse cuenta de lo que eran y podían por institución de su Maestro» (OO.CC. II, n. 2581).


Hermanos, es tiempo de Pascua: celebración gozosa de la resurrección de Jesucristo. No era posible que la muerte tuviera dominio sobre él. Como peregrinos (¡siempre seremos peregrinos!), caminamos de la Pascua del Resucitado a la Pascua de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo.

«En este día se revela plenamente la Santísima Trinidad. Desde ese día el Reino anunciado por Cristo está abierto a todos los que creen en Él: en la humildad de la carne y en la fe, participan ya de la Comunión de la santísima Trinidad. Con su venida, que no cesa, el Espíritu Santo hace entrar al mundo en los últimos tiempos, el tiempo de la Iglesia, el Reino ya heredado, pero todavía no consumado», dice el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 732).

Nos preparamos en clima de oración y recogimiento como lo hacían la Virgen María, los apóstoles, los parientes del Señor y el resto de los discípulos. En estas últimas semanas del tiempo pascual, invocamos con confianza y firmeza al Espíritu Santo para que se siga derramando en su Iglesia, en cada comunidad cristiana, en cada uno de nosotros, como fuego que prenda una llama de amor viva en nuestro interior, como viento impetuoso que nos lanza a las calles para que seamos testigos de quien es la Verdad: Jesucristo, el Hijo de Dios, muerto y resucitado, presente y actuante hoy en medio de nosotros, en medio de su Esposa-Iglesia, nuestra Madre.

Vivamos intensamente este momento de adoración eucarística, tocados por la gracia, lleno de los dones del Espíritu, abiertos a la Palabra divina, postrados a los pies del Amado, para que seamos transformados por su amor, purificados por su misericordia. Así seremos lanzados a dar testimonio del Evangelio a tiempo y a destiempo, ¡siempre!, sirviendo a nuestros hermanos sin desfallecer: «Por mi parte, con sumo gusto gastaré y me desgastaré yo mismo por vosotros» (2Co 12,15), nos testimonia san Pablo.

Oración inicial
Padre Santo, lleno de amor, fuente de toda paciencia, sabiduría y bondad, que, en tu Hijo y por tu Hijo, sigues derramando el Espíritu Santo en tu Iglesia, concédenos abrirnos en nuestro espíritu a tu acción transformadora, a la lluvia de gracias que el Paráclito quiere derramar en nuestros corazones, para que vivamos con un mismo pensar y un mismo sentir en cada comunidad cristiana, y nos dediquemos plenamente a la misión a la que nos has llamado a cada uno. PNSJ.

Escuchamos la Palabra
Jn 14,15-20.

Puntos de oración
Hermanos y hermanas, la Iglesia necesita un perenne Pentecostés. Somos débiles. Pecamos. Manchamos con nuestro pecado a la Esposa de Cristo. Necesitamos una regeneración total, una continua conversión, una profunda renovación, para que el Señor arranque de nosotros el corazón de piedra y nos dé un corazón de carne, semejante al de Jesús.

La Iglesia necesita purificar, renovar o vender tantas estructuras viejas, anquilosada, deficitarias (tanto en lo pastoral como en lo económico), para que sea una Iglesia dedicada solo a la evangelización, al anuncio valiente de la Buena Noticia. Una Iglesia que sale de sí, que va a las periferias existenciales y materiales. Una Iglesia libre de ataduras, viejas costumbres, fórmulas apagadas, ritos caducos, celebraciones muertas. Si no nos dejamos transformar por el Espíritu, si no vivimos en permanente Pentecostés, la Iglesia se muere, languidece. Se apaga la luz del Evangelio. Se deja de servir a los pobres y de celebrar con júbilo la fe.

Decía el papa Pablo VI
Escuchemos estas palabras del beato papa Pablo VI. Poseen plena actualidad. Meditémoslas. Pidamos al Señor que se hagan vida en nosotros: «La Iglesia tiene necesidad de su perenne Pentecostés. Necesita fuego en el corazón, palabras en los labios, profecía en la mirada. La Iglesia necesita ser templo del Espíritu Santo, necesita una pureza total, vida interior.

La Iglesia tiene necesidad de volver a sentir desde lo profundo de su intimidad personal, como si fuera un llanto, una poesía, una oración, un himno, la voz orante del Espíritu Santo, que nos sustituye y ora en nosotros y por nosotros con gemidos inefables y que interpreta el discurso que nosotros solos no sabemos dirigir a Dios» (Audiencia, 29/11/1972).

También los Padres de la Iglesia, como san Agustín o san Juan Crisóstomo, comentan cómo Jesucristo rogará continuamente al Padre que envíe el Espíritu Santo, el Consolador, el Abogado que necesitamos los que peregrinamos por esta tierra: «Con estas palabras: “Yo rogaré al Padre y él os dará otro paráclito”, declara que también Él es Paráclito, que en latín quiere decir abogado. Y de Cristo se ha dicho que “tenemos por abogado a Jesucristo, el justo” (1Jn 2,1)» (san Agustín, Tratado sobre el Ev. de Juan).

«Por eso, ¿qué les dijo?: “Rogaré a mi Padre y os dará otro Paráclito”, es decir, otro igual que yo… ¿Qué significan –preguntaréis– las palabras: “Rogaré al Padre“”? Con ellas manifiesta el momento de la venida del Espíritu. Una vez que hubo purificado con su sacrificio, el Espíritu Santo descendió sobre ellos. ¿Por qué no vino sobre ellos cuando todavía estaba con ellos? Porque el sacrificio todavía no había sido ofrecido. Destruido el pecado, los discípulos iban a exponerse a grandes peligros y debían estar preparados para esa contienda; por eso era necesario que el Ungido viniera» (san Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Ev. Juan).

Letanía al Espíritu Santo

A cada una de la invocaciones respondemos: Espíritu Santo, ten piedad de nosotros

  • Dios Espíritu Santo
  • Dios Creador de cielo y tierra
  • Don del Altísimo Dios
  • Fuente viva, fuego ardiente, caridad infinita
  • Dedo de la diestra del Padre
  • Dedo del Padre que expulsa demonios
  • Padre amoroso del pobre
  • Luz que ilumina los corazones
  • Consolador buenísimo
  • Claridad santísima
  • Dulce huésped del alma
  • Dador de la sabiduría
  • Dador del entendimiento
  • Dador del consejo
  • Dador de la ciencia
  • Dador de la fortaleza
  • Dador de la piedad
  • Dador del temor de Dios
  • Dador de todo mérito y virtud
  • Dador de toda gracia santificante
  • Consumador de la Salvación
  • Consumador de gozo eterno
  • Mano de Dios que cura y libera
  • Sello que marca al ungido
  • Paloma que desciende sobre Jesús
  • Paloma que purifica a los bautizados
  • Fuego que enciende los corazones
  • Llama de amor viva
  • Luz que ilumina las tinieblas
  • Luz que escudriña las Escrituras
  • Luz que penetras las almas
  • Consolador que calma las lágrimas
  • Consolador que da paz en la lucha
  • Consolador que da gozo en el dolor

Diálogo (solista y asamblea):
– Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles:
– Y enciende en ellos el fuego de tu amor.
– Envía, Señor, tu Espíritu y todo será creado:
– Y renovarás la faz de la tierra.
Oremos: Oh Dios, que iluminas los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, haz que guiados por este mismo Espíritu, gustemos del bien y gocemos siempre de su consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Miguel Ángel Arribas, Pbro.
Publicado en El Granito de Arena, Orar con el Obispo del Sagrario Abandonado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *