Cordialmente, una carta para ti (enero 2017)

Artículo publicado en la revista «El Granito de Arena» de enero de 2017.

Camino del Sagrario

Apreciado lector: Hace ya muchos años, las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, las mismas que editan nuestro entrañable Granito de Arena, tuvieron la amabilidad de regalarme en ocasiones distintas los tomos I y II de las Obras Completas del entonces beato Manuel González.

Les quedé muy agradecido por tan generoso detalle. Pero, pese a que esos dos tomos siempre tuvieron un lugar preferente en mi biblioteca, debo confesarte que no recibieron la atención que se merecían. Las muchas ocupaciones que actualmente tenemos los abuelos, además de atender a mi vocación como escritor, me dejaban poco tiempo para leer a nuestro san Manuel como yo hubiera deseado. A pesar de ello, sí es verdad que, a veces, leía algún que otro párrafo suyo, miraba su retrato de portada y contemplaba la bondadosa mirada de sus ojos y la apacible sonrisa de sus labios. Pura santidad es lo que siempre veía en su rostro.

Sencillez y profundidad
Fue ahora, al acercarme a sus escritos para documentar la carta que recientemente te escribí con motivo de su canonización, cuando me percaté de la enorme valía de los escritos de san Manuel González, así como del profundo mensaje eucarístico que en ellos había y que él deseaba transmitir. ¡Qué sencillez y, al mismo tiempo, qué profundidad encontré en lo que decía! ¡Qué claridad de ideas y qué firmeza en sus planteamientos! Basta con recordar estas palabras suyas: «Para mis pasos yo no quiero más que un camino, el que lleva al Sagrario, y andando por ese camino encontraré hambrientos y pobres de muchas clases… y haré descender sobre ellos la alegría de la Vida» (citado en L´Osservatore Romano, 14/10/2016).

En estas sencillas palabras está encerrado su plan de misión, aquel plan que naciera en el pueblecito sevillano de Palomares del Río, en una iglesia solitaria, arrodillado ante el Sagrario abandonado y rodeado de harapos y de suciedad, como el mismo san Manuel nos narra. Y es que a veces, estimado lector, los más grandes proyectos y las más grandes cosas surgen en los lugares más impensables, más humildes y rodeados de suciedad. Piensa dónde nació Jesús, el Salvador del mundo. ¡El acontecimiento más trascendental de la Historia tuvo lugar en un humilde pesebre! ¡Qué lecciones nos da la vida: lo más grandioso surgiendo en lo más sencillo y humilde!

Nos dice nuestro san Manuel que no quiere para sus pasos más camino que aquel que lleva al Sagrario. ¿Por qué? En primer lugar, porque sabe que en ese camino encontrará hambrientos y pobres de muchas clases, sobre los que hará descender la alegría de la Vida. Y en segundo lugar, porque sabía muy bien que el Sagrario no era simplemente un habitáculo físico, sino algo mucho más importante. «El Sagrario no está limitado por las cuatro tablas que lo forman –nos explica–, ni aun por los muros que lo cobijan. El Sagrario señalará el límite de las especies sacramentales, pero no de la virtud que debajo de ellas constantemente brota» (OO. CC. II, n. 2678). Como podemos ver, es inmensa la grandeza del Sagrario, al igual que también lo es la grandeza de la virtud que de él continuamente brota.

Sol, manantial, vida
Y después nos sigue dando razones para que comprendamos por qué no quiere más camino que el que lleva al Sagrario: «Yo miro al Sagrado Corazón de Jesús en el Sagrario como un sol que irradia luz, calor y vida del cielo en torno suyo en una gran extensión; como un manantial de agua medicinal siempre corriente en muchas direcciones; como un deleitoso jardín esparciendo siempre sus aromas exquisitos» (OO. CC. II, n. 2679). Además de la belleza con que lo dice destaca la riqueza imaginativa de lo que dice. En los escritos de san Manuel llama nuestra atención tanto el valor de lo que dice como la elegante manera de decirlo. Pero, por encima de todo, lo que más destaca es su firme decisión de no querer otro camino que no sea el que conduce al Sagrario.

Sería maravilloso que también nosotros siguiésemos su ejemplo y tomásemos la firme decisión de no querer para nuestros pasos por la vida más que un camino: el que lleva al Sagrario. Sería maravilloso, porque si así lo hiciéramos, al igual que ese sol, ese manantial y ese jardín, iría surgiendo a nuestro alrededor un nuevo mundo rebosante de paz y de amor. Iría surgiendo un nuevo mundo rebosante de hermandad y de concordia.

Te deseo, amigo lector, un venturoso año 2017. Cordialmente,

Manuel Ángel Puga
Publicado en Cordialmente, una carta para ti, El Granito de Arena.

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