Documento de trabajo - carpeta 1 -
Iniciacion - Tema 5:
Experiencia de D. Manuel en Palomares del Río
El
protagonista de nuestra historia, es D. Manuel, un joven sacerdote
recién ordenado. Un día, lo envían a un pueblecito de Sevilla, llamado
Palomares del Río, para dar una misión. Allí se encamina con su mochila
cargada de ilusiones. Por el camino iba pensando qué se encontraría
allí: “seguro que una iglesia muy bonita, muy limpia, repleta ¿los
mayores y pequeños quieren mucho a Jesús”. En aquel tiempo no
tenían tantos vehículos como ahora, así que, D. Manuel, tuvo que
recorrer el camino en un burro que tenía preparado el sacristán.
Mientras llegaban al pueblo, empezó a hacer preguntas al sacristán:
- Amigo, ¿está muy entusiasmada la gente con la misión?, ¿Es muy grande la iglesia?, ¿Habrá mucha gente?
Y
así siguió haciendo preguntas para enterarse bien de lo que iba a
encontrarse. Pero el sacristán, bien pronto empezó a contestarle con
frialdad haciendo que se derrumbara el castillo de sus sueños. Le dijo
que la iglesia acababan de restaurarla, porque tenía tantos agujeros
que ni siquiera era necesario cerrar la puerta. Pero a pesar de que ya
estaba
arreglada, la gente del pueblo no aparecía por allí. Y, según su opinión, no iba a ir mucha gente a la misión.
¡Pobre
D: Manuel! Su gozo en un pozo. Pero no le importaba, sabía muy bien que
Dios quería que diera la misión y contando con su ayuda todo saldría
bien.
Con este pensamiento llegó al pueblo y preguntó por los
niños, pero estaban todos en el campo. Entró en la iglesia y se fue
derecho al Sagrario en busca de alas a sus casi caídos entusiasmos... y
¡qué sagrario!
Un ventanuco, con más telarañas que cristales
apenas dejaba entrar la luz, unos manteles con encajes de jirones y
quemaduras y adornos de goterones negros, una lámpara mugrienta
goteando aceite sobre unas baldosas pringosas, ¡qué sagrario, Dios mío!
Qué
esfuerzo tuvo que hacer allí su fe y su valor para no volver a tomar el
burro y salir corriendo para su casa. Pero no se fue. Allí se quedó un
largo rato y ¿sabéis qué encontró?. A un Jesús callado, paciente y
bueno que lo miraba entre triste y suplicante que le decía mucho. Una
mirada en la que se reflejaban unas ganas muy grandes de querer y una
pena muy honda por no encontrar quien quisiera ser querido. Y esa
mirada se clavó en el alma de D. Manuel, y ya no pudo olvidarla.
El Obispo El Obispo de los de los niños D. Manuel
UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE
En
febrero de 1902 su obispo le encomienda la tarea de hacer una misión a
un pueblecito de Sevilla llamado Palomares del Río. El joven sacerdote
iba lleno de entusiasmo e ilusión, pero su sorpresa fue grande porque
nadie lo esperaba y peor aún fue descubrir que en aquella iglesia
derruida vivía Jesús, en medio de tanto abandono y suciedad. A pesar de
la desilusión y tristeza inmensa se quedó ante aquel sagrario en
silencio y allí, en aquellos minutos, encontró su misión que dió un
nuevo sentido a toda su vida:
«Ser cura de un pueblo que no
quisiera a Jesucristo «Ser cura de un pueblo que no quisiera a
Jesucristo para quererlo yo por todo el pueblo y servirle de pies, para
quererlo yo por todo el pueblo y servirle de pies, mano, boca...»