Documento
de trabajo - Carpeta 1 - Bloque 2 - Tema 2:
Historia de los dos panes
Se cuenta que un día un califa
era tan perverso y cruel que publicó esta proclama:
—
Si alguno de mis súbditos es sorprendido haciendo una limosna, ¡le será
cortada una mano!
Asi que, desde aquel día, todos
se abstenían de ayudarse mutuamente, nadie se atrevía a
mostrarse caritativo.
Sucedió que un día un mendigo se
presentó a una mujer que tenía un hijo, y que era muy pobre,
pidiéndole una ayuda por caridad. Ella respondió:
— ¿Cómo
quieres que te de algo, si el califa corta una mano a quien haga una limosna?.
El
mendigo comentó.
—¡Yo te lo pido en nombre de Dios!
Al
oír esto, la mujer no pudo negarse y le dio los dos panes. Pero
el califa lo supo, ordenó que llevaran a la mujer a su presencia y le
hizo cortar las dos manos.
Aquella mujer era muy
guapa. El califa, después de haberla mutilado, se enamoró de
tal manera que la quiso por esposa, suscitando mal humor y protestas de
parte de las otras mujeres. Celosas del favor que gozaba esta nueva
rival, la acusaban ante el rey.
Entonces el
califa ordenó que madre e hijo fuesen llevados al desierto, dejándolos abandonados
allí para que muriesen de hambre.
Mientras la pobre mujer
vagaba por el desierto, llorando su propia suerte con el
niño en brazos, pasó cerca de un pozo y se inclinó para beber, porque
tenía mucha sed después de tanto caminar.
Pero,
al inclinarse, se le resbaló el niño y cayó dentro del pozo. Ella se
sentó entonces en el brocal, llorando desconsoladamente. En
ese momento, pasaron cerca dos hombres y le preguntaron.
—
¿Por qué lloras?
— Tenía un niño en brazos y se me ha caído
al pozo.
— ¿Estarías contenta si lo sacáramos afuera?
—
¡Sí!
Los dos rezaron a Dios y el niño salió del pozo sin
ningún daño. Entonces le dijeron.
— ¿Estarías contenta si
Dios te devolviera tus manos?
— ¡Sí!
Rogaron a
Dios y las manos de la mujer tornaron a ella, más bellas que antes.
Finalmente, le dijeron.
— ¿Sabes quienes somos
nosotros? ¡Somos los dos panes que ofreciste en limosna al
mendigo!, y que fueron la causa de que te cortaran las manos. ¡Alaba por
tanto al Altísimo, que no deja sin recompensa ningún acto de caridad!
(De»Las
mil y una noches»)