| Quien ora ante el Sagrario,
quien comulga, quien participa frecuentemente o incluso a diario del
Sacrificio eucarístico, experimenta el amor inmenso de Dios y se siente
llamado a decírselo al hombre de hoy con palabras y obras Los
miembros de la UNER, llamados a contemplar a Cristo Eucaristía,
escuchando la voz del mundo y de la Iglesia, y sintiéndose responsables
de los hermanos, especialmente de los más necesitados en los que se
manifiesta también el abandono de Cristo, intentan aprender a descubrir
en los rostros de los hermanos al mismo Dios y actuar en consecuencia.
Esto implica entrar conscientemente, con corazón
abierto y mirada cargada de humanidad, en un proceso o camino que nos
lleve a: - Dejarnos interpelar por el hermano que sufre y
movernos a la "com-pasión" - Sentirnos responsables de su
historia, teniéndolo en cuenta. - Acompañarlo en el deseo de
superación, sin paternalismo - Abrir caminos construyendo
tejido social, redes, puentes... Nada hacemos solos, sino que crece la
solidaridad entre todos. Así, experimentan que
las "entrañas de solidaridad que tiene todo hombre, se despiertan, y
son capaces de realizar en el nombre de Jesús y a su estilo --"se
levantó de la mesa, se quitó el manto, se ciñó la toalla y se puso a
lavarles los pies". (Jn 13,4-5)
De esta manera viven la vocación reparadora al insertarse en
la obra redentora y liberadora de Cristo que por su Misterio Pascual,
del que participan, ha querido restablecer la imagen de Dios impresa en
el hombre y construir la civilización del amor. |