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ORAR, CON LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS

Actitud orante: LA FE PASCUAL


La vida de fe es siempre una experiencia de encuentro.
•    Dios toma la iniciativa. Nos sale al encuentro.
•    Nosotros nos dejamos encontrar por Dios.
•    Acontece “algo” en nuestra vida. (asombro, gozo, y respuesta).

La fe es don de Dios, que se nos ha dado si mérito de nuestra parte. Lo nuestro CULTIVARLA  para que se de el encuentro.

La oración es el cultivo, el riego que nos adentra en la experiencia de ENCUENTRO
Acudimos a la Palabra que siempre nos ilumina. En el tiempo de Pascua: Los discípulos de Emaús.

Lc 24, 13-35.

La escena pone de manifiesto dos modos de respuesta a Jesús: Pre-Pascual y Post-Pascual:

La fe Pascual es un don del mismo Resucitado, que nos hace verdaderos discípulos. Hemos de pedirla. Una fe que pasa por el amor Crucificado, pero también por el amor glorificado.

LA ORACIÓN DE LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS. Del libro: “Oremos en el Sagrario como se oraba en el Evangelio”, del Bto. Manuel González.

Emaús y el Sagrario

Como en la Eucaristía, Jesús está en el camino de Emaús, real y desconocido, presente e invisible, haciéndose el encontradizo, y los hombres, torpes, ciegos, deslumbrados, ¡con cuánta dificultad acaban por encontrarlo! ¡Qué raramente caen en que está allí!
Peregrinos perpetuos del camino misterioso del Sagrario, ¡cuánto hemos menester aprender de los felices caminantes de Emaús, para llegar como ellos a sentir arder el corazón oyéndolo y a conocer a nuestro Huésped Jesús partiendo el pan!

Qué hacen los peregrinos de Emaús para darse cuenta de la presencia de Jesús
Una palabra expresa todo lo que hicieron para llegar a aquel fin tan dichoso: oración. Estos dos hombres iban de Jerusalén a Emaús haciendo esto sólo: ORAR.

¿Cómo oraban?
Tres modos de oración descubro yo en el proceder de aquellos discípulos. Oraban:
1.º Echando de menos a Jesús.
2.º Hablando sólo de Él, y
3.º Sirviéndolo con caridad en la persona de un peregrino desconocido.

1. Orar echando de menos a Jesús
El Evangelio tiene buen cuidado de notar, en la descripción minuciosa del viaje de los dos discípulos, que iban tristes. Y la causa de esa tristeza, bien a las claras salta que es la ausencia de Jesús...

Aquellos hombres echaban de menos a Jesús, y porque no lo ven, porque no lo oyen, porque no gozan de su presencia, porque no descansan en su protección están tristes; y esta tristeza, con todas sus imperfecciones, honra y gusta a Jesús y merece de Él el regalo de su presencia, aunque sea velada o disfrazada.

La tristeza del corazón humano
¿Por qué estáis tristes?
… ¡más dinero!, ¡más placer!, ¡más honores!, ¡más vivir!, ¡más triunfar!, ……… ¿más Jesús?
¿Verdad, Compañero divino de la Hostia, que muchos “más……” te sonarán a aquel grito de Jerusalén: ¡Barrabás! ¡Barrabás! ¡Éste no!?


2. Orar hablando de Él
Los discípulos de Emaús son, sin pretenderlo, unos excelentes maestros de la vida interior.
Con lo que ellos van haciendo y recibiendo en aquella memorable jornada, más que un viaje de Jerusalén a Emaús, hacen el viaje, incomparablemente más ventajoso, largo y feliz,
•    de la incredulidad a la fe viva,
•    de la torpeza de hombres, a las claridades espléndidas de la palabra de Dios interpretada por el mismo Verbo de Dios;
•    de las pesadumbres y congojas de la vida de sentidos, a la dulce posesión de la vista cierta de Jesús resucitado de entre los muertos;
•    desde el abismo de la ruindad de la naturaleza a las cumbres de la vida interior del alma.

Cómo hablaban
No toda conversación de o sobre Jesús puede llamarse oración. ¡Cuántos hablan y escriben y predican de Él lindezas de arte y primores de poesía y asombros de elocuencia, y..., sin embargo, no hablan con Él y, por consiguiente, no oran!
La conversación que los discípulos llevaban sobre Jesús era oración, porque más que conversar el uno con el otro, podía decirse que cada cual hablaba con un interlocutor invisible que se suponía y a la par no se creía presente. Aquel hablar tan insistentemente sobre lo que hizo, dijo, prometió y padeció Jesús, no era para contarse lo que ya sabían, sino como una rumia de la presencia tantas veces paladeada y gozada; como una nostalgia o añoranza del bien gozado y que a pesar de su poca fe no acababan de tener por perdido.

3. La oración por medio de la obra
La oración, que es siempre conversación afectuosa del alma con Dios, se puede valer de las tres clases de palabras con que cuenta el hombre:
•    la palabra interior de su mente,
•    la palabra exterior de su boca
•    y la palabra, más exterior, de sus obras o actos racionales.
El diálogo que con Dios entablemos es oración, con tal de que esta palabra de la mente, de la boca o de la obra vaya acompañada y explicada por el afecto de la voluntad que lo alaba, agradece, aplaca o impetra.

La oración de la mente
La tristeza dibujada en el rostro de los peregrinos de Emaús nos ha revelado el doloroso diálogo que sus inteligencias y sus corazones llevaban con Jesús.
¿Por qué con todo tu poder y virtud te has dejado vencer de la muerte?
¿Por qué has tenido que padecer tanto?
¿Por qué no has redimido ya a Israel como nosotros esperábamos?
¿Será verdad lo que han venido diciendo las mujeres que fueron al sepulcro, que no está allí tu Cuerpo muerto y que unos ángeles les han asegurado que Tú estás vivo?...
¡Qué alegría si fuera verdad! Pero, pero...
Esos son los puntos de aquella oración mental que nos delata la tristeza de la cara de los discípulos.

La oración de la boca
De los mismos corazones contristados por la pena de la ausencia de Jesús y por las oscuridades de su débil fe en sus palabras y profecías, salta a los labios la oración vocal llena de recuerdos de Jesús, de repeticiones de sus palabras y de sus hechos, de conjeturas sobre la realidad o imposibilidad de su resurrección; llena, en suma, de deseos y aspiraciones de volver a ver a Jesús y, por tanto, verdadera oración o diálogo afectuoso con Jesús.

La oración de obras
Obrar por dar gusto a Jesús, es orar.
Si cuantas veces podamos y nos permita nuestra flaca memoria, no sólo en nuestras obras buenas, sino en las indiferentes, como el comer, pasear, reír, y dormir, decimos: "por Ti, para Ti, Corazón de mi Jesús..., porque a Ti te gusta", estemos ciertos de que cumplimos el repetido encargo de nuestro divino Maestro: Es necesario orar siempre y no desfallecer...  .

Practicar obras de caridad y misericordia con rectitud de intención, o sea, mirando más al gusto de Jesús que a la misma necesidad socorrida, es excelentísimo modo de orar.
Y de ese modo terminó la oración de los discípulos, a saber: ejerciendo la caridad de admirable manera.
"Quédate con nosotros, porque ya es tarde, y ya va el día de caída". Entró, pues, con ellos..."  .
¡Qué gradación!
•    El orar echando de menos a Jesús lo invita a acercarse.
•    El orar hablando afanosamente y cariñosamente de Él y con Él lo invita a hablar y a acompañar, pero veladamente.
•    El orar obrando el gran mandamiento de Jesús, el amarse los unos a los otros, y con la delicada insistencia del "Quédate con nosotros, que ya es tarde", lo obliga a entrar y a quedarse y a comer con ellos y a darse a conocer...

¡LO RECONOCIERON AL PARTIR EL PAN!
Jesús actúa desde dentro. Jesús los ha llenado de vida y los impulsa a comunicarlo.

El fruto de esta oración de encuentro:
•    Del miedo a la cruz, a la alegría de sufrir por Cristo
•    De la dispersión, a la comunidad
•    De la huída, al seguimiento fiel al estilo de Jesús, hasta el martirio.

¡Bendita y mil veces bendita virtud de la oración, que has trocado las negruras de la incredulidad y las amarguras de la desilusión en las claridades y dulzuras de la vista, posesión e intimidad de Jesús resucitado!

Madre Inmaculada, por la oración con que acompañaste a tu Hijo muerto y resucitado, enséñanos el secreto de morir a nosotros orando y vivir para sólo Jesús orando también.


Quédate con nosotros...

¡Qué buena respuesta forman esas palabras!

Quédate con nosotros, Señor.... para que no se apague nuestra fe, ni se oculte tu rostro...
Quédate con nosotros, Señor... en los momentos de dificultad, para que no nos falte ilusión, fortaleza en el dolor y luz en los momentos de confusión.
Quédate con nosotros, Señor.... para que nuestro corazón arda al calor del tuyo...
Quédate con nosotros, Señor...  para que nuestro amor se manifieste,  nuestra entrega se afiance y podamos acogerte a Ti en cada hermano.
Quédate con nosotros, Señor.... para que vivamos con esperanza.

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