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MARÍA, MUJER DE ORACIÓN

Oración inicial:
                        · Invocación al Espíritu Santo.
                        · Palabra de Dios: Lc 2, 26-38
                        · Canción: Sta. María del amén.

Abrir diálogo: ¿Quién es para ti María? ¿Cómo te diriges a ella?
Para los miembros UNER María es la Madre, Maestra y Modelo.

María es la mujer experta en el Espíritu. Se obtiene de Dios lo que se espera de Él y si no se espera nada, el Espíritu Santo no puede colmar un deseo inexistente. Sólo el deseo puede atraer a un Dios que no viene más que a los que se lo piden con intensidad, confianza y perseverancia.
Destinada a concentrar en su persona los deseos de Israel, el corazón de María fue el punto de convergencia en el que esos deseos del pueblo que había hecho suyos, llegarían a un punto de incandescencia en el que serían eficaces. El Espíritu que es el que suscita el deseo de Ella, es también el que lo hace eficaz pues opera en nosotros "el querer y el obrar". La larga espera de Israel encontró en María un corazón tan pobre y humilde que Dios no pudo resistirse. María es nuestra maestra en el desear y en el estar abiertos a la acción del Espíritu. Lo fue sobre todo en el Cenáculo. Ella sabe muy bien que el envío del Espíritu Santo por el Padre en el nombre de Jesús, es un don gratuito de Dios y que nadie puede merecerlo, pero sabe también que el don del Espíritu no es algo arbitrario. Para acogerlo no basta con creer en él, sino que hay que pedirlo, buscarlo y llamar.

Actitud de escucha

        María escucha a Dios. María fue grande porque escuchó. Fue un ser atento, abierto. Supo vivir desde dentro. Fue una playa abierta al mar de Dios. Pura capacidad disponible. Transparente. Había escuchado la Palabra de Dios en la Escritura. Por eso Dios la encontró pronta al sí.
        Por eso pudo "entrar" y encarnarse en su ser.
        María desde su silencio interior, atenta a la presencia de Dios.
        María escucha cuando la visita el ángel
        María escucha cuando sirve a Isabel , cuando el Niño va creciendo, cuando está en una fiesta, o cuando permanece, valientemente de pie, junto a la Cruz.

        María escucha a los hombres: No tienen vino... y dice: Haced lo que Él os diga.
Ser cristiano es escuchar a Dios. Dios es Palabra que en Cristo se ha hecho carne. Jesús es la Palabra de Dios gritada al mundo.
        Ser cristiano es saber escuchar la palabra humana, acogerla , respetarla, valorarla. Porque cada hombre es una hermosa palabra que Dios ha pronunciado. Hay hechos de nuestra historia, hay situaciones de nuestro pueblo, hay orientaciones de nuestra Iglesia que podemos afirmar y recibir como Palabra de Dios que invita, que llama o convoca.
        La Palabra de Dios tiene el mismo sonido y el mismo vocabulario que la palabra del hombre: El que a vosotros oye a Mí me oye. Lo que hagáis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí me lo hacéis. El que tenga oídos para oír, que oiga.

Disponible

María es toda una historia afirmativa. Así como el canto continuado de Cristo es el Abba, el de María es sí, Señor. Como una pequeña esclava, ¿Qué hacen los esclavos sino decir que sí? Pero, un sí dicho filialmente, con sonrisa y amor, con verdad y pasión.

Sí a todas las bendiciones del Padre y a todas sus exigencias. Sí a la responsabilidad más grande, al despojo total, al servicio incondicional. Sí a todo amor y a todo dolor. Sí a su voluntad manifestad por un ángel o por un tirano. Sí cuando Dios le sonríe en José o en Isabel. Sí cuando Dios se insinúa en unos novios o le abre sus brazos a Juan. Sí al trabajo rutinario, a las espadas lacerantes, a las distancias impuestas por el Hijo. Sí a la cuna de Belén, a la Cruz de Jerusalén, a la casa de Juan y a la Iglesia de Espíritu.
Esta afirmación constante de María exige total disponibilidad y docilidad al Espíritu de Dios (al que no sólo se invoca sino se obedece). Sólo es posible en una persona enteramente libre, vacía de sí misma, llena de Dios, hecha de amor y para amar.

Mujer fuerte

        Junto a la Cruz de Jesús estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás y María Magdalena (Jn 19, 25)
        Sobre la cruz , Jesús de cara al Padre, ya no con la serenidad de la vida oculta, sino con la angustia y el desamparo de la agonía. De un extremo a otro de su existencia Jesús oró sin cesar, pues amaba al Padre y estaba entregado a los hombres.
        La actitud de María es también orante. No estaba abatida bajo el peso del dolor, aunque su sufrimiento le apuñalaba el corazón. Estaba en pie fuera de sí misma, mirando a Jesús que la miraba también. Lo que mantenía en pie su cuerpo, era que estaba fuera de sí, tendida hacia su Hijo con un tierno amor de compasión; era también su confianza activa y su abandono total a la voluntad del Padre, en unión con su Hijo. Se mantenía en pie llena de dulzura de compasión, lo que le daba fuerzas para mantenerse en la prueba.
        María es la que siempre permanece fiel. No hubiera estado presente en el Calvario si se hubiera desinteresado de la misión de su Hijo. Ella es la mujer fuerte que nos anima a permanecer fieles junto a Jesús en su vida eucarística. Fieles en la oración y fieles en la vida.

Dinámica
Cita: Jn 2, 1-12.
En la boda está Jesús. Falta el vino. María se lo pide. Jesús pone el vino nuevo en la fiesta.
Estás en la fiesta de la vida ¿te falta vino?
        - En tu vida está Jesús...¿qué te falta?
        - En tu familia está Jesús...¿qué le falta?
        - En tu trabajo está Jesús...¿qué falta?
        - En tu barrio, pueblo, ciudad está Jesús ... ¿qué falta?
        - En la Iglesia está Jesús ...¿qué falta?
        - En el siglo XXI está Jesús ... ¿qué le falta?
Canción: Madre de los creyentes.


ORAR

        
- Oración al Espíritu Santo.
        - Oración preparatoria.
        - Ambientar con un cassette.
        - Haz de tus respuestas anteriores una oración de petición; JESÚS ESTÁ, y pone el vino nuevo, los ojos nuevos, el corazón nuevo, la mente nueva, el yo nuevo que hace falta para vivir. Contestando todos: ¡Señor, escúchanos, Señor óyenos!

ESCUELA EN ORACIÓN

Para tu vida: A lo largo de estos días dedicarse a contemplar a nuestra Madre María en los quehaceres domésticos, en la vida real de una humilde mujer de pueblo - y un pueblo subdesarrollado- (esposa y madre de un obrero) para fijarla ante los ojos como modelo de vida, para poder actuar como ella actuaba.

Para tu oración

Ora con estos textos bíblicos y anota en el cuaderno el versículo que más te haya conmovido.
Citas: Lc 1, 39-45; 2, 41-52; Mt 2, 10-12. 13-16; Jn 19, 25-27; Sal 118; 145 (rezado en el "espíritu"de María).

María modelo de contemplación

" La contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece de un modo especial. Ha sido en su vientre donde se ha formado, tomando también de Ella una semejanza humana que evoca una intimidad espiritual ciertamente más grande aún. Nadie se ha dedicado con la asiduidad de María a la contemplación del rostro de Cristo. Los ojos de su corazón se concentran de algún modo en Él ya en la Anunciación, cuando lo concibe por obra del Espíritu Santo; en los meses sucesivos empieza a sentir su presencia y a imaginar sus rasgos. Cuando por fin lo da a luz en Belén, sus ojos se vuelven también tiernamente sobre el rostro del Hijo, cuando lo "envolvió en pañales y le acostó en un pesebre" (Lc 2, 7).
Desde entonces su mirada, siempre llena de adoración y asombro, no se apartará jamás de Él. Será a veces una mirada interrogadora, como en el episodio de su extravío en el templo: " Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? " (Lc 2, 48); será en todo caso una mirada penetrante, capaz de leer en lo íntimo de Jesús, hasta percibir sus sentimientos escondidos y presentir sus decisiones, como en Caná (cf. Jn 2, 5); otras veces será una mirada dolorida, sobre todo bajo la cruz, donde todavía será, en cierto sentido, la mirada de la 'parturienta', ya que María no se limitará a compartir la pasión y la muerte del Unigénito, sino que acogerá al nuevo hijo en el discípulo predilecto confiado a Ella (cf. Jn 19, 26-27); en la mañana de Pascua será una mirada radiante por la alegría de la resurrección y, por fin, una mirada ardorosa por la efusión del Espíritu en el día de Pentecostés (cf. Hch 1, 14)".
Juan Pablo II, Rosarium Virginis Mariae, 10

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