| Se emplea el término
preciso de lectio divina a la oración con
una historia concreta, que se refiere a una praxis
concreta.
Según la tradición recibida, ser
refiere a una lectura-escucha-orante de la Palabra
de Dios. Al igual que al andar cada paso es fruto
de un esfuerzo precedente y al tiempo es el impulso
del que seguirá, en la lectio divina cada
paso tiene en sí algo de los otros, y,
sin embargo, hay algo, muy concreto, que le especifica.
Es un todo vital en el que, en su momento, una
parte toma el protagonismo.
La lectio divina es un ir al corazón de
Dios, en nuestro corazón, para entrar en
el corazón de todos los hombres.
"Conocerme a mí, para conocerte a
Ti; conocerte a Ti, para conocerme a mí" ESQUEMA DEL ITINERARIO
1. Statio La Palabra esperada.
(preparación) Me pongo a la escucha. Disposición
interior.
2. Lectio La Palabra escuchada.
(Lectura) Leer bien es escuchar con profundidad.
3. Meditatio La Palabra comprendida.
(Meditación) El significado de la Palabra.
4. Oratio Mi palabra responde a la Palabra.
(oración) Se inicia mi diálogo con
la Palabra. Oro el texto.
5. Contemplatio La Palabra encarnada.
Epifanía.
(contemplación) Silencio ante la Palabra.
Adoro
6. Discretio La Palabra confrontada.
(Discernimiento) Distingo cuál es la voluntad
de Dios.
7. Collatio La palabra compartida.
(Intercomunicación) Sopeso con otros mi
respuesta a la Palabra.
Diálogo con los hermanos.
8. Actio La Palabra con acción.
(Respuesta) La Palabra da frutos. Vida. Compromiso.
1. PARARSE A....
Disponer el cuerpo y el espíritu.
Postura y compostura.
En este momento hay que ...
...liberar la mente y el corazón, la cabeza
y las manos, de todo lo que moleste o distrae.
...pedir luz y fuerza, luz para ver la vida con
ojos nuevos, y fuerza para lanzarse de nuevo a
la vida. Para que la vida se integre armónicamente
con la fe.
...cerrar la puerta, para emprender un camino
secreto, personal.
...hacer silencio, lograr el silencio de las
cosas, del entorno, de uno mismo, del propio corazón,
para llegar al diálogo vivo con Dios.
...sosegar la casa...
ACTITUDES: corazón limpio y humildad.
Empezar invocando al Espíritu Santo y con
una súplica a María.
2. LECTURA
Lectura inteligente, para captar el sentido literal
y espiritual del texto.
- Lectura en contexto, atendiendo a las referencias
y paralelos.
- Sin prisas, dejando que cale.
- Lectura repetida, captando los matices.
- Leer, releer, subrayar o escribir una palabra.
Familiarizarse y convivir con el texto.
"Aprender a conocer el corazón de
Dios en las palabras de Dios". (S. Gregorio
Magno)
La actitud fundamental de este momento es la
lectura-escucha atenta del texto, buscando captar
el significado del párrafo en todas sus
palabras. Una concentración que brota del
corazón.
Queda excluido cualquier matiz fundamentalista.
Hay que conectar con el autor, en su mentalidad
histórico-geográfica. Conocer los
géneros literarios. En conexión
con la tradición eclesial, porque hay una
armonía interna de toda la revelación.
Captar los sentidos literal y espiritual.
3. MEDITACIÓN
Las palabras leídas se guardan ahora en
el corazón, siendo iluminadas por el Espíritu
Santo.
Considera la Palabra como...
- Agua: Déjala que penetre en tu tierra,
dale tiempo. Si profundizas llegarás al
manantial.
- Levadura: Amásala con el pan de la vida,
de cada día, preocupaciones y esperanzas
cotidianas.
- Espejo: Nos ponemos delante con lo que somos,
tenemos y esperamos.
- Espada: Si te hiere o duele, señal de
que no te andas por las ramas.
Cómo hacer la meditación:
Mirar el texto como si se tratase de un cuadro.
Intentar ver cómo ha sido concebido, elaborado
y realizado. Las líneas maestras o perspectivas
básicas del autor. Examina cuál
es el punto central, el centro de gravedad. Después,
conectar con el mensaje global de la Palabra.
La meditación en tres momentos:
- Recojo las palabras que más me han llamado
la atención. ¿Qué significan
para mí? ¿Por qué me importan?
- Interiorizo o "rumio" estas palabras,
de la mente al corazón ¿Qué
siento yo? ¿cómo me siento yo?
- Veo mi vida y la vida, mi historia y la historia,
a la luz de esa Palabra. ¿Qué me
sugiere? ¿Qué me pide? ¿Qué
me exige?
La meditación se centra en una palabra:
Jesucristo (la Palabra).
La lectura cristocéntrica es aplicable
tanto al AT como al NT. Cristo es la luz, que
en la meditación, tiene que dar sentido
a todo lo leído. Es la presencia esperada,
oculta, invisible, siempre real y eficaz. Es la
revelación progresiva, en la historia y
en nosotros.
4. ORACIÓN
La oración es gratuita, tiene sentido
en sí. No es para alcanzar nada, es amistad.
Se justifica a sí misma.
"La vivencia interior sólo se convierte
en algo del hombre, cuando este la configura de
alguna manera. La fe tiene que expresarse; de
otra manera la vivencia de la fe no llega a convertirse
en parte vital de la persona entera" (Lukken).
Claves:
En la oración ese apropia uno de la Palabra
leída.
La Palabra escuchada y meditada se hace alimento
de la propia oración desde la propia vida,
experiencia. Una oración que desembocará
en la contemplación.
Los sonidos del corazón son, a veces,
sólo gemidos, susurros. Podrían
se también gritos.
Una oración que acreciente el deseo y
la sed. La nostalgia de Dios es el sentimiento
más profundo del corazón humano.
En la oración examinamos, no por rebuscamiento,
sino porque la cercanía de la luz deja
ver la suciedad, la belleza y los colores, vemos,
nuestra vida a través de la Palabra leída.
Ver nuestra vida no es regodearnos en nuestros
pecados, sino descubrir con ojos nuevos la mirada
del Padre. Lo parece, pero no es lo mismo decir:
yo soy hijo de Dios, a Dios es mi Padre.
5. CONTEMPLACIÓN
Nuestra atención pasa de la Palabra al
que habla (de las cosas y de nosotros mismos a
Dios).
"Llamada orando y se os abrirá por
la contemplación" (Guido el Cartujo).
La contemplación es mirar y sentirse mirado.
No esperar nada, disfrutar de estar con la persona
amada, de esperarla, de su recuerdo. Es ver sin
estar mirando, un escuchar relajado. No hay tensión,
no hay prisa: el tiempo ha dejado de existir,
pueden ser unos minutos, pueden ser unas horas,
el amor no depende de un reloj, pero necesita
tiempo...
6. DISCERNIMIENTO
Se inicio ya en la lectura. Es la capacidad de
elegir según Cristo, como Cristo: la capacidad
de concretar la voluntad de Dios.
Discernimiento es leer la Palabra de Dios en
la situación concreta en la que te encuentras.
El aquí y ahora. Es una tarea que requiere
flexibilidad y madurez. No olvidemos nunca que
la Palabra es Palabra de Dios, viva y eficaz,
que no sólo nos dice lo que hay que hacer
sino que además, nos da la fuerza para
hacerlo; pero claro, somos libres.
Este paso debe darse en unión con los
otros. Teniendo en cuenta los signos de Dios y
de los tiempos, dicho de otro modo, con los pies
en el suelo.
Nada de "el Señor me dijo",
" me respondió... , la Palabra es
Palabra de Dios dirigida a mí y ahora,
no lo que a mí se me antoja interpretar,
no lo que a mí me ha parecido entender.
Y nada de "traumas", "os escribimos
esto para que nuestro gozo sea completo"
(1 Jn 1, 4).
7. INTERCOMUNICACIÓN
No es intercambio de saberes sino de experiencias
y vivencias.
El Pan compartido (Eucaristía) tiene mucho
que ver con la Palabra compartida. De esa profunda
comunicación en comunidad, arrancará
el compartir el pan con todos, especialmente con
los más pobres y débiles.
La prudencia exige discreción a la hora
de compartir nuestra vida interior; el respeto
nos hace callar ante los demás. Nadie está
por encima de nadie, porque todos llegan a su
máxima profundidad, es decir, a la que
quieren comunicar. El hombre es el secreto mejor
guardado de la creación. Un misterio para
los demás .Una aventura apasionante para
sí mismo.
Respeto, prudencia, pero también confianza
y un poco de valentía, quizá un
mucho.
La experiencia es la maestra de la vida, pero
no podemos experimentarlo todo, por ello debemos
tener la humildad y la paciencia de aprender de
la experiencia de los demás, de aportar
la nuestra, de enriquecernos mutuamente, para
crecer juntos.
8. RESPUESTA
Es el puente desde la lectio a la vida cotidiana.
De la contemplación a la acción.
Cristo nos habita y nos habilita para ser signos
del amor de Dios.
El auténtico encuentro con Dios desemboca
en el encuentro con los hermanos. La respuesta
es: acción, compromiso, testimonio. Porque
no hay nada auténticamente humano que no
sea cristiano. (Is 55, 11; Mt 7, 21; 21, 28-32).
Situar la actio (compromiso) en su lugar:
- La tradición y visión orientar
(hinduismo, budismo, etc.) acentúan el
camino hacia la propia interioridad.
- El cristianismo, al contrario, el camino auténtico
no desemboca en el corazón del yo, sino
que lleva a la comunicación con los demás.
(Dos extremos: la lectura exclusivamente política
o la únicamente carismática).
El fin de la lectio es el Fiat (Lc 1, 38; Jn
2, 5: He aquí la esclava del Señor,
hágase en mí según tu palabra;
Haced lo que Él os diga). El culmen de
la contemplación es la evangelización
: ofrecer el agua viva de la que bebemos. Anunciar
con hechos y palabras; palabras que expliquen,
hechos que corroboren.
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Antes, durante y después de la lectio nos
acompaña, impulsa y sostiene el Espíritu
Santo.
Antes, durante y después, María
es el modelo, la madre y guía. |