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El Espíritu ora en nosotros

     Oración inicial:

       · Invocación al Espíritu Santo.
       · Lectura del Evangelio: Jn 16, 12-13
       · Canto: Inunda mi ser.

Recordar que las actitudes fundamentales para orar (tema V) nos disponen a entrar en la oración, pero es el Espíritu Santo el motor de la misma, como nos ha recordado Jesús: Él os guiará hacia la verdad completa ( Jn 14, 26).

El Espíritu ora en nosotros. La relación "filial", esencial a la oración cristiana, la crea el Espíritu dentro de nosotros: No recibisteis un espíritu de esclavos, antes bien, recibisteis un Espíritu de hijos adoptivos que os hace gritar: ¡Abbá! ¡Padre! (Rm 8,15)
No es que no podamos orar; es que ni sabríamos cómo hacerlo. Recordemos de nuevo a san Pablo: Nosotros no sabemos cómo pedir, es el Espíritu quien acude a nuestra ayuda (Rm 8,26).

El hombre camina hacia el Padre en el Espíritu

Los símbolos bíblicos del Espíritu siempre denotan energía, fuerza, vitalidad: el viento, el aliento, la lluvia, el fuego. Ellos tienen como objetivo abrirnos a una presencia y a una acción superior: la de Dios ya aquí en el mundo.
La obra inicial de Dios comenzará en una tierra extraña, Egipto; y tendrá matices de liberación política, material , social. Pero progresivamente se irá concentrando en el corazón del pueblo y de cada uno en particular, cerrado y duro como una piedra al principio, pero fiel y en convivencia nupcial al fin. Será el triunfo del Espíritu que se habrá hecho el Espíritu del hombre. Esta es la transformación que realiza la oración en nosotros.
La presencia e intensidad del Espíritu es nuestro concreto caminar hacia el Padre (Ef 2, 17-18). El hombre o camina en el Espíritu o no camina. Él es nuestra aproximación a Dios. Nuestra fuerza y simpatía. Nuestro amor. La presencia vivificante del Espíritu en nosotros se caracteriza por una docilidad especial que se apodera de la inteligencia y del corazón, que hace superar de una forma desbordante los impedimentos externos y psicológicos-íntimos del cristiano en su caminar según Dios, creando una situación existencial de adhesión plena y exultante para secundar la voluntad de Dios. Es gozo, alegría, fortaleza.
El hombre que no posee el Espíritu es de oídos duros, de corazón endurecido, corazón de piedra. Mediante el Espíritu, el hombre entiende, escucha, comprende, obedece, observa, ama, significando con ello no unos actos encajados en la vida del hombre, sino una situación interior, de lo profundo de la personalidad, que va anticipando en la tierra el estado de salvación.
El hombre, al ir perfeccionando el amor, va adquiriendo una connaturalidad amorosa, exultante, por la que siente radical y absolutamente fiel; acoge la Palabra de Dios con alegría, adquiere una audición-repetición de la Palabra de Dios que no es sólo conceptual sino vivencial, divinizadora. Se siente hijo, se reconoce existencialmente como tal. Dios es su Dios. Realiza su existencia en el gozo de una solidaridad nupcial. Se va uniendo progresivamente a Dios, como dos llamas que se hacen una llama; como la luz de dos ventanas que se funde en una misma habitación; como la fusión del agua de lluvia en el océano...
A partir de esta situación, salvarse no es "estar limpios", sino ser responsables del amor. El pecado total es desentenderse del amor. Queda superada la religión-observancia, cumplimiento, por la vivificación en el amor del Espíritu, el amor con que Dios se ama es comunicado gratuitamente al hombre para que el hombre pueda amar a Dios en sus propios dones, en su propio amor, y el hombre pueda representar también el amor de Dios a los demás hombres. La historia de salvación, no es sino la salvación del amor por la consumación en él.

Dinámica: En una hoja se dibuja una llama y se escriben los dones y frutos del Espíritu Santo. Entregársela.
- Canción: Ven, Espíritu de Dios.

ORAR

Canción: Ven, Espíritu de Dios.
Oración preparatoria.
Silencio
Palabra de Dios: Rm 8, 5-17
Comentario
Rezar juntos el Himno al Espíritu Santo.
Preces:
Celebremos la gloria de Dios, quien , al llegar a su término, en Pentecostés, los cincuenta días de Pascua, llenó a los apóstoles del Espíritu Santo, y , con ánimo gozoso y confiado, supliquémosle diciendo: Envía tu Espíritu, Señor, y renueva el mundo.

- Tú, que al comienzo de los tiempos que creaste el cielo y la tierra y al llegar la etapa final de la historia quisiste que Cristo fuera cabeza de toda creación, por tu Espíritu renueva la faz de la tierra y conduce a los hombres a la salvación.
- Tu, que soplaste el aliento de vida en el rostro de Adán, envía tu Espíritu a la Iglesia, para que el odio se convierta en amor, el sufrimiento en gozo y la guerra en paz.
- Fecunda el mundo con tu Espíritu, agua viva que mana de Cristo, para que la tierra entera se vea libre de todo mal.
- Tú que por obra del Espíritu Santo conduces sin cesar a los hombres a la vida eterna, dígnate llevar, por este mismo Espíritu, a los difuntos al gozo eterno de tu presencia.

Padrenuestro.

Jaculatoria: "Ven, Espíritu Santo, vacíame de mí, lléname, hasta rebosar de Ti"


Escuela en casa

Para tu vida: ¿Cumplimos por deber o por amor? Nuestra moral a qué nos lleva preferentemente, ¿sólo a estar limpios o más bien a salvar el amor?
Disponte a hacer presente en tu mundo la acción del Espíritu a través de tu propósito firme de pedirle y actualizar sus "dones"
Lee detenidamente I Co 12-13. Realiza actos de caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad.

Para tu oración Detente únicamente en el pasaje narrado por hechos 19,2; y pregúntate: ¿Qué se yo del Espíritu Santo?
Busca un día de éstos en reavivar la acción de ese "dulce huésped de tu alma" que es el Espíritu Santo dentro de ti.
Imagina que vas a escribir la"historia de tu alma": tu bautismo, confirmación, matrimonio; repasa todos tus deseos de hacer el bien; anota todo lo positivo de tu vida.
Y puesto que todo ha sido obra suya en ti, escribe una oración de alabanza.
Citas: Hc 2,1 -13; Lc 1, 26-38; 1,39-56.

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