| 1. El silencio y la
disciplina de vida. 2. Saber escuchar, paciencia y
perseverancia. Ejercitarse escuchando en silencio
unos minutos todo lo que podemos percibir. Ponerlo en común. 1.1.
El silencio Necesidad del
silencio. Necesita silencio el obrero para descansar de su
trabajo y reparar sus fuerzas agotadas; lo necesita también el
financiero para realizar debidamente sus cálculos, de ahí que una de
las preocupaciones modernas, en las populosas ciudades sobre todo, sea
ver la manera de acallar ese estrépito ensordecedor que produce el
vertiginoso movimiento de la vida moderna. Pero si en la vida
material e intelectual hace falta el silencio, en la vida espiritual,
en la vida interior, en la vida de trato íntimo con Jesús en el
sagrario, el silencio es una necesidad absoluta, imprescindible, es
condición sine quan non, para ponernos al habla con Jesús diciéndole
con el profeta Elías: escucharé lo que me va a hablar el Señor Dios,
porque no habla en medio del bullicio. El mismo Espíritu
Santo nos recomienda la necesidad de este silencio en la presencia de
Jesús con estas preciosas palabras de la profecía de Habacuc: El Señor
está en su templo santo. Calle la tierra toda ante su acatamiento.
"Y Jesús callado en el sagrario, siendo como es la sabiduría de Dios,
nos enseña con su silencio, jamás interrumpido, que si queremos oír su
palabra divina y recibir con ella la paz, la luz, el consuelo, la
fortaleza y la gracias que nuestra alma necesita, callemos, no sólo
acallando los ruidos exteriores, sino haciendo callar también a las
locuras de la imaginación, a las rebeldías del amor propio y alboroto
de las pasiones, y, oyendo su Palabra y creyendo en Aquél que lo ha
enviado, tendremos la vida eterna". Beato Manuel González
Silencio interior o recogimiento. Consiste
en dominar los sonidos interiores, para que el alma se pueda hacer oír.
Su práctica es más difícil que la del silencio exterior, y más rara.
La distracción. Contraria al silencio
interior, siempre fue considerada por los espiritualistas como el mayor
impedimento a la vida interior, tan grave como cualquier pasión, y aún
puede resultar pero, porque preocupa menos o se juzga inevitable. ¿En
qué consiste? La misma palabra lo dice: "distrahere", traer por todas
partes, dispersar. Movimiento centrífugo, descentramiento, salida hacia
fuera, que nos hace derivar lejos de nosotros mismos (a veces
inverosímilmente lejos); erosiona y destroza nuestro ser, reduciéndolo
a polvo. Este alboroto interior tiene cuatro causas: los
recuerdos, la curiosidad, los cuidados y la agitación. Tocante
a los recuerdos buenos y malos, bastará con dejar
caer un cierto número de ellos, como en el momento de una mudanza en
que no se puede transportar todo. La
curiosidad: observad los objetos de conversación y comprobad
la ligereza de las noticias que se transmiten y lo golosas que son. No,
el amigo de Dios tiene la preocupación constante de no dejar que las
bagatelas empañen el puro espejo del alma. Los
cuidados: al lado de afanes indispensables y útiles al
prójimo, se encuentra todo un lote de ellos perfectamente ridículos y
alienantes, que no nos atrevemos a confesar. Y ¡pensar que estas
preocupaciones sobre las que apretamos ansiosas manos, se alegraría
Dios de tomarlas a su cuenta! La agitación:
psicosis moderna. En el polo opuesto de la
distracción se sitúa el recogimiento. Consiste en recogerse, juntar los
restos dispersos, atrapados por aquí y por allá, para conferir al ser y
obrar humanos su columna vertebral. 1.2
Disciplina de vida De toda la vida. He
aquí algunas aplicaciones precisas acostarse a una hora razonable y
madrugar; controlar las posturas de pie y sentados; renunciar a los
pequeños deseos ( o caprichosos); orden y conciencia en el trabajo,
incluso doméstico; uso moderado de la prensa, radio y televisión;
rechazo de las distracciones fútiles. Los autores
espirituales son unánimes en poner en relación estrecha disciplina y
vida de piedad. Un monje oriental, explicando la necesidad de "despejar
el sitio" para el Señor. ¿Creéis que es posible llenar un vaso de agua
pura sin vaciarlo antes del agua sucia que contiene? ¿os atreveríais a
recibir un huésped distinguido en una habitación sucia, llena de
antiguallas y desperdicios? No. San Juan de la
Cruz, la "mortificación de los sentidos", como él la llama, le parecía
al doctor místico tan esencial para la oración, que le consagra todo el
primer libro de la Subida al Monte Carmelo, libro titulado Noche del
sentido. Se explica partiendo de san Pablo cuando dice a los Corintios:
¿qué tienen en común la luz y las tinieblas? Comenta S. Juan de la
Cruz: "Estas imperfecciones habituales son: como una costumbre de
hablar mucho, un asimientillo a alguna cosa que nunca acaba de querer
vencer, así como a persona, a vestido, libro, celda, tal manera de
comida y otras conversacioncillas y gustillos en querer gustar de las
cosas, saber y oír otras semejantes. Cualquiera de estas imperfecciones
en que tenga el alma asimiento y hábito, es tanto daño para poder
crecer e ir adelante en la virtud. Porque eso me da que una ave es
asida a un hilo delgado que a un grueso; porque aunque sea delgado, tan
asida se estará a uno como al grueso, en tanto que no le quebraré para
volar" (Subida al Monte, libro I, cap. 4)
- Canción : Qué bueno es estar aquí en silencio. ORAR
- Llevar a Jesús acontecimientos, situaciones que no acepto,
evado y necesito integrarlos. - Hacer silencio para escuchar
el silencio de Jesús en el sagrario. - Tratar de recuperar en
el "silencio" el sentido de algunas oraciones. Jaculatoria:
"Madre Inmaculada, pon tanto silencio en mi amor propio, en mi
imaginación y en mi desenfrenada lengua que pueda oír y entender el
silencio del sagrario de tu Jesús" Escuela en casa
- Cita : Mt 12, 26 - Ejercitarse en "dejar caer las
distracciones" - Prescindir de curiosidades a las que nos
vemos "atadas". Para
tu oración - El Evangelio habla de que María
guardaba todo en silencio dentro de su corazón (Lc 2, 51). Hacer un
rato de oración ante María pidiéndole que os enseñe a hacer silencio
creyente. - Reflexionar sobre los momentos de silencio que
hay a lo largo de la celebración eucarística. Tratar de vivirlos con
más intensidad en la próxima misa y comunicar si se ha descubierto algo
más sobre la importancia del silencio. - Citas: St. 1, 19-21;
3, 1-18. 2. Saber escuchar
Comenzar con la lectura de Is 55, 10-11 ¿Si la
tierra rechazara la lluvia...? Puede hacerlo; lo hace a veces. Entonces
las aguas no absorbidas socavan las orillas de los torrentes
desbordados, arrastran la tierra cultivada, y el suelo fértil se
recubre de troncos arrancados, de piedras y de inmundicias.
¡Qué insistencia, a lo largo de la Biblia, para que el hombre acoja la
lluvia fecundante de la Palabra de Dios! ¿Qué es esta
acogida? La escucha. En el A.T
encontramos esta llamada: ¡Escucha Israel! Sal 80,9. En el
N.T la encontramos en las palabras de Jesús: ¡Quien tenga oídos para
oír, oiga! En el Ap 2-3. No sólo importa escuchar sino obrar.
Santiago habla de un oyente olvidadizo (St 1,25) Todo
empieza por la escucha, obediente por supuesto. Sentada a los pies de
Jesús, María de Betania, la que eligió la mejor parte, escuchaba,
entrando en comunión con el Señor. La
escucha es comunión. Los ojos se nos dan más para comulgar
que para ver. La escucha recogida del silencio y el rumor del bosque
por ejemplo, ¿acaso no es, tanto o más que la vista, el medio de
comulgar con este misterio? A igual sensibilidad, puede que el ciego
capte mejor el alma de las cosas que el sordo con los ojos abiertos.
El misterio de las cosas y el misterio de los hombres ¿no es cierto que
todos deseamos más ser oídos que vistos? El ojo es captador, el oído
oblativo. La escucha en comunión. Ello es tanto más
cierto en nuestra relación con Dios, cuanto que a Él nadie le ha visto
nunca pero todos pueden oír. Contemplar a Dios ¿no sería ante todo y
sobre todo, escucharlo? Nuestro Dios no es hermético, lejano,
silencioso... Dios es amor, y el amor es comunicación, diálogo, palabra
cercana y entrañable que se nos ha dicho en Jesús. Por
eso hay que aprender el lenguaje de Dios, hay que caminar con la
atención vigilante de quien sabe que Él habla en la Escritura y en la
liturgia, en el periódico y en el hermano, en el tráfico de la ciudad y
en el propio corazón. Habla Señor que tu
siervo escucha. ¿Dónde se hace más atenta
la escucha que en la meditación? Si el alma contemplativa busca
silencio interior es para convertirse en escucha total. Sólo en el
silencio total de la noche en el Templo pudo decir el pequeño Samuel:
Habla Señor, que tu siervo escucha. Para el
cristiano, la escucha de Dios se hace por medio de la Palabra
pronunciada de una vez por todas en su Hijo Jesús. Es lo que afirma con
vigor san Juan de la Cruz: "Porque en darnos como nos dio, a su Hijo,
que es una Palabra suya que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de
una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar". Paciencia
y perseverancia El valor de una cosa
reside en su duración. ¿En cual de sus actividades puede prescindir el
hombre de esta humilde y doble virtud: paciencia y perseverancia? En
ninguna parte. Menos aún en la vida de oración. Hay días en
que la oración no sólo resulta pesada, sino que hasta parece absurda.
Sutil y peligrosa tentación, la primera que recibió Jesús en el
desierto; el tentador le sugiere : basta ya, deja el ayuno y la
contemplación. Ocúpate de las necesidades reales y haz que tantas
piedras inútiles se conviertan en el indispensable alimento para tus
hermanos y para ti mismo. Si esto te ocurre en la oración,
qué decir de la fidelidad, de una fidelidad de toda una vida de
oración, la plegaria más desnuda de apoyos humanos, la más
imperceptible que existe. El hombre a quien Dios llama a la
contemplación debe hacer acopio de paciencia, de perseverancia, incluso
de obstinación, a falta de lo cual el Banquete del Reino, se cerrará
ante él. Y que se prepare a sufrir. Paciencia viene del latín "pati",
padecer; paciencia y pasión tiene la misma etimología.
Dios es Dios Dios es Dios: el
Infinito, el Inaccesible, el Otro, el Trascendente.
¡Inverosímil aventura la del hombre a la busca de Dios! Cuanto más se
aproxima al horizonte, más crece Dios, por así decirlo, y parece
alejarse. Y aquí hay que hablar no solo de una larga marcha sino de una
marcha que nunca acaba sobre la tierra. ¡Conténtese el hombre
humildemente, en llamar a la puerta, esperar, tener paciencia, gritar,
sufrir! Sólo la muerte abrirá la gran puerta y, entonces será la visión
cara a cara: Seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es (Jn
3, 2). Que los silencios de Dios no nos hagan
suprimir ni acortar la oración, con el pretexto de que no pasa nada,
que la fuente está seca y perdemos el tiempo. - Canción: El
joven Samuel. ORAR Hay
un juego divino entre lluvia y manantial.
El manantial recoge todo. No sabe más que recoger. Es acogida. Es sed.
Es espera, pobre, esencialmente pobre. El don venido de lo
alto, eso es lo que la fuente ávida esconde en el misterio y el
silencio, en la pureza original de la madre tierra. La fuente
no se impacienta. No se apresura a exponer sus riquezas. Sabe aguardar
. Conocer el valor de una larga elaboración subterránea. El agua de
lluvia es a veces turbia, pero quien dice "agua de manantial" entiende
la más limpia, la más pura, la más fresca. ¡Agua de
manantial! Un día éste ofrece al cielo y a los hombres su tesoro, largo
tiempo escondido. Se convierte en don a su alrededor y difunde noche y
día, invierno y verano, el beneficio intermitente de la lluvia.
Hay fuentes inagotables. Recogen la lluvia de tales profundidades o de
tales alturas que las condiciones superficiales no les afectan.
Así es la contemplación. Es el cielo y la tierra en el
hombre. Es el hombre hecho de cielo y de tierra. Es
pureza y don en la pobreza. Es el juego divino de la
Sabiduría. Todo aquello que tienes, es don ¿Tienes
conciencia de que nada es tuyo, que eres pobre, que recibes todo? ¡Cómo
no dar gracias a Dios! En cada momento puedes experimentar y ver qué
bueno es el Señor. Cita: Sal 33. -
Silencio - Resonancia. Jaculatoria: "
Jesús callado, enséñame a callar de mí para oírte a Ti cuando me hables
muy quedo". Escuela en casa
- Estar a la escucha de Dios en las voces, angustias de
nuestros hermanos. ¿Quién te ha dicho hoy tengo hambre, sed, soledad,
angustia...? - Vive la Eucaristía escuchando: los cantos, las
lecturas, las peticiones, las oraciones...Quédate con una frase que te
haya llegado más dentro. Escríbela en tu cuaderno de oración, busca
cómo responder a ella. Para tu oración -
Lee en Mc 7, 31-37, la curación de un sordomudo. Entra en la escena
evangélica, siéntate con los oídos sentados como aquel hombre. Siente
sobre ellos las manos de Jesús, pídele con fuerza que te los abra, que
te enseñe a escuchar... oye interiormente la autoridad de la palabra de
Jesús ¡Abríos!. - Citas: Jn 14, 27; Lc 10, 39; Mt 25, 25; Sal
80,9; 1 Sm 3, 10. |