| "El tiempo y
el espacio le pertenecen. Él no es el Dios de un solo día, sino el Dios
de todos los días del hombre,... esto se ha de entender precisamente en
la dinámica profunda del diálogo de alianza, es más, del diálogo "
esponsal ". Es un diálogo de amor que no conoce interrupciones y que
sin embargo no es monocorde. En efecto, se desarrolla considerando las
diversas facetas del amor, desde las manifestaciones ordinarias e
indirectas a las más intensas, que las palabras de la Escritura y los
testimonios de tantos místicos no temen también en describir como
imágenes sacadas de la experiencia del amor nupcial.
En realidad, toda la vida del hombre y todo su tiempo deben ser vividos
como alabanza y agradecimiento al Creador. Pero la relación del hombre
con Dios necesita también momentos de oración explícita, en los que
dicha relación se convierte en diálogo intenso, que implica todas las
dimensiones de la persona".
Juan Pablo II, carta apostólica Dies Domini, 14-15
¿Por qué oramos? Más tarde o
más temprano te lo preguntarás. O ya te lo habrás preguntado. Puede
que, quizás, lo hagamos por muchas razones: me lo enseñaron; necesito
pedir, agradecer o alabar; intuyo la necesidad de relacionarme con
Dios; hasta me sienta terapéuticamente bien...
Todo eso puede ser válido pero no suficiente. Quienes seguimos el
Evangelio, sólo tenemos una razón última: Oramos porque Jesús oró y nos
mandó orar. Si la oración no es sino la relación
del hombre con Dios, Jesús no sólo oró, sino que al ser su vida entera
relación con el Padre, toda ella fue oración. San Lucas nos le presenta
orando: En el bautismo (3, 21); después de una jornada de predicación
(5, 15); antes de la elección de los doce (6, 12); antes de la
confesión de Pedro (9,18); durante la Transfiguración (9,28); en el
momento de enseñar el Padrenuestro (11, 1); en el Monte de los Olivos
(22, 41); desde la Cruz (22,46)... Y si nos
fijamos en S. Juan, le vemos orando: antes de la resurrección de Lázaro
(11, 41); después de anunciar su hora (12, 27); en la oración
sacerdotal (17,1 ss) Sorprendemos a Jesús
haciendo oración. Ora en un lugar solitario (Mc 1, 35); en el corazón
de la noche (Mc 6,6); en pleno comer (Jn 6, 11); al regreso de los 72
discípulos (Lc 10,21); en el Templo; en la sinagoga...
¿Por qué oró Jesús? La razón
última y a la vez muy sencilla es ésta: Jesús oraba porque... tenía
necesidad de orar. Jesús necesitaba de cuando en cuando romper la
barrera de los hombres y buscar en el Padre lo que éstos no podían
darle... Lucas dice: Su fama se extendía...,
muchísimos acudían a oírle; pero Él se retiraba a lugares solitarios,
donde oraba (5, 15). Meditemos este pero Él. Jesús se siente atrapado
por los hombres, pero necesita hundirse en la soledad para desarrollar
ante el Padre la dimensión de filiación que los hombres no pueden
darle... Sólo si descubrimos esta necesidad de
sentirnos hijos - y en la medida en que vayamos descubriéndola-
sabremos dar razón de nuestra oración. Sólo si
oramos para estar - o querer estar- con el Padre, conocer la medida en
que vayamos descubriéndola -sabremos dar razón de nuestra oración.
La oración de Jesús es la disposición muy humilde de todo su
ser ante el amor y la voluntad del Padre, en un grado de adhesión que
jamás llegaremos a expresar. Esto lo vive una humanidad de hombre,
nosotros también podemos entrar por este camino. En Getsemaní, todo se
cierra y se hace más denso, el corazón y la mente de Jesús tienen la
total experiencia del pecado, del sufrimiento del mundo y de la
injusticia dolorosa, agolpándose en lo más hondo de su ser. Cristo
padeció todos los dolores y sufrimientos. Jesús está en un estado de
maldición, no por un pecado personal, sino como consecuencia de una
sustitución de amor: se ha hecho maldito por nosotros. Él, que no
conoció el pecado, se ha hecho pecado por nosotros, para que en Él
fuéramos justicia de Dios. Orar es tanto "hablar
con Dios" como dejarnos hablar por Él. Pero Él sólo habla en directo al
Hijo, a nosotros nos habla por su medio. El orante debe acercarse al
Hijo para conocerle, traducirle, aplicarse el mensaje y seguirle.
Jesús dijo a santa Teresa que Él era el " libro vivo"; pero leer a
Cristo no es fácil. Sin la luz del Espíritu no entenderemos ni una
línea del Evangelio. Y no sólo debemos leer a Cristo, sino leer en Él.
Esto es interpretar todo con sus criterios. Nadie como los grandes
orantes han interpretado todo a la luz del Evangelio. Esto es lo que
nosotros llamamos compañía de compasión. Nos dice D. Manuel:
" Esta es la compañía de compasión, la que pone entre Jesús y yo
presentes, comunicación y cambio de miradas, de palabras, de
necesidades, de afectos...; la que me hace mirar, hablar, oír, pedir,
recibir, confiar, sentir y amar como Él y con Él..."
" Dos corazones con el mismo ritmo son un solo corazón. Esa es la obra
de la compasión perfecta". ( El abandono de los
sagrarios acompañados) - Canción: Señor, Tú eres nuestra luz.
ORAR Jesús, necesito
orar Para poner mi corazón al mismo ritmo que el tuyo
Para trastocar todo mi sistema de valores y asimilar los tuyos
Para comprender que tus caminos no son mis caminos Para
comprender que tus ideales no son mis ideales Para parecerme
un poco más a Ti Para comprender que mi mayor aspiración debe
ser mi identificación contigo. Para llenar mi vida de Ti
Para que Tú seas todo en mi vida Para que mi vida sea una
irradiación de la tuya. Oración del abandono Padre
me pongo en tus manos, Haz de mí lo que Tú quieras,
Sea lo que sea te doy las gracias, Estoy dispuesto a todo,
Lo acepto todo, Con tal que tu voluntad se cumpla en mí
Y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre.
Te confío mi alma, Te la doy, Con todo el amor de
que soy capaz, Porque te amo Y necesito darme,
Ponerme en tus manos sin medida Con una infinita confianza,
Porque Tú eres mi Padre. (Carlos de Foucauld) Jaculatoria:
" Corazón de Jesús, me fío de Ti porque lo puedes todo, me conoces del
todo, y me quieres a pesar de todo" Escuela
en casa - Jesús ora siguiendo las
tradiciones judías: Bendición de la mesa, lectura de la Palabra...
- Ora, también, antes de sus actividades... - Recuperemos
nuestras tradiciones cristianas. - Jesús acompaña su oración
con su acción. Para tu oración
Citas bíblicas: Jn 17; Sal 102 Comentario
Himno al amor de Dios. Es imposible
vivir sin ser amado. Sientes que tienes necesidad de ser amado. Tienes
necesidad de un amor infinito, de un amor que no se acabe. Tal amor da
seguridad, da la alegría de vivir. Tienes un Padre del que puedes estar
seguro, agradecido y satisfecho. Un Padre que te invita a imitarlo, a
amar como Él ama. Como ves, no un amor dulzarrón, sino exigente. Quiere
que tú crezcas, que seas un hijo adulto. Te ama no para mimarte, te
hace experimentar el amor para que aprendas a amar en serio. |