| Dios elige al beato
Manuel González García, para hacerle instrumento de la gracia
carismática que dará inicio a la Familia eucarística reparadora. El 2
de febrero de 1902 es enviado en misión a Palomares del Río (Sevilla
España). Allí, humanamente se le rompen los esquemas. Manuel, joven
sacerdote de gran sensibilidad eucarística, descubre en el abandono y
dejadez que encuentra en aquella iglesia, la soledad de Dios; y orando
ante aquél Sagrario, intuye "una mirada en la que se reflejaba unas
ganas infinitas de querer y una angustia, infinita también, por
no encontrar quien quisiera ser querido. Una mirada que se clava en el
fondo del alma y no se olvida nunca". Manuel
González siempre pedía la colaboración de los seglares, que tanto le
ayudarían en la evangelización de su parroquia, en las escuelas que
fundaba y en las obras sociales que emprendía... Su sensibilidad
eucarística le indujo a convocar personas que no olvidaran a Jesús
realmente presente en la Eucaristía. Buscó «adoradores en espíritu y en
verdad», iniciando una escuela propia de espiritualidad fundamentada en
la total entrega a la voluntad de Dios a través de Jesús Sacramentado.
El 4 de Marzo de 1910, en Huelva, dando un retiro mensual a
las señoras de su parroquia, comunica la idea, que tiene perfiles y
fuerza de llamamiento fundacional. Será el comienzo de la Unión
Eucarística Reparadora. Habla, y descubre que la Eucaristía se ha
convertido en Calvario por la ingratitud y el desamor de los hombres.
Invita a que se imite en la vivencia eucarística reparadora el espíritu
de las Marías del Evangelio, que fueron las primeras que siguieron a
Jesús, con las que siempre contó y nunca lo abandonaron. Las primeras
que anunciaron a los apóstoles que Jesús había resucitado. |